El destino manifiesto
- Jorge Mendoza
- hace 6 días
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La cr

eencia del "Destino Manifiesto" fue una ideología nacionalista y expansionista dominante en los Estados Unidos del siglo XIX. Sostenía que la nación estadounidense, su sistema democrático y su forma de vida, encarnada por los colonos blancos, protestantes y de origen anglosajón, tenían una misión divina, moral y racialmente superior para expandirse por el continente norteamericano, desde el Océano Atlántico hasta el Pacífico, para difundir así la civilización, la libertad y el progreso.
El término fue formulado en 1845 por el periodista John L. O‘Sullivan, quien afirmó que Estados Unidos estaba destinado a “extenderse por el continente que la Providencia le había asignado”. Algunas de las consecuencias de esta creencia fueron: el desplazamiento forzado y exterminio de los pueblos indígenas que habitaban en el oeste de lo que es hoy Estados Unidos, la guerra México–Estados Unidos (1846–1848), que terminó con la anexión de más de la mitad del territorio mexicano de entonces (California, Texas, Nuevo México, y Arizona, entre otros) y otros eventos.
Esta postura arrogante y supremacista de los colonizadores blancos del territorio norteamericano, tiene similitud con el “Eretz de Israel” que significa literalmente “Tierra de Israel” y que es un concepto religioso judío que designa la “tierra prometida por Dios al pueblo judío” según la Biblia hebrea. El argumento central se basa en la promesa divina hecha a Abraham y a sus descendientes y que a la letra dice:
- Génesis 15:18: Dios promete a Abraham la tierra “desde el río de Egipto hasta el Éufrates”.
- Génesis 17:8: la tierra de Canaán es dada “en posesión perpetua”.
Desde esta interpretación, toda la región del levante mediterráneo, incluidos: Palestina, Siria, Jordania, Líbano, Irak y parte de Egipto, forma parte del “Eretz de Israel bíblico” y, por tanto, no puede ser cedida sin violar un mandato divino. Así se está justificando el genocidio palestino y los ataques del ejército israelí a toda la región, que se anuncian como una persecución al ejército de Hamas.
Y es que la expansión colonialista basada en el suprematismo de los imperios, con frecuencia se ha sustentado en la creencia del “mandato divino” como fuerza irrefutable de que sus acciones arrogantes y avasalladoras están justificadas por una autoridad supra humana.
En el caso de los Estados Unidos, parece que el “Destino Manifiesto” siguió siendo una premisa fundamental en el actuar de sus gobernantes a lo largo del siglo XX. La sombra de Washington se ha proyectado decisivamente en el mundo y, sobre todo, sobre América Latina y el Caribe. Recordemos las ocupaciones militares en Cuba, Haití y República Dominicana bajo la política del "Gran Garrote" y los golpes de Estado presumiblemente orquestados por la CIA en Guatemala (1954) y Chile (1973). Además, Estados Unidos intervino repetidamente para moldear gobiernos a su medida. Su apoyo a dictaduras en Brasil, Argentina y Centroamérica durante la Guerra Fría, la invasión a Panamá en 1989.
Pero, ahora en el siglo XXI, la llegada de Donald Trump a su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos, ha marcado un hito sin precedentes en el uso del poder militar para imponer sus “prioridades” económicas, sin necesidad de justificar sus acciones en algo distinto que su avaricia y su añoranza de ver a su país de vuelta a la época en que los colonos protestantes, blancos y anglosajones campeaban por los fértiles y ricos terrenos norteamericanos. Ya no es ningún “ser superior” quien ordena y obliga a los demás a someterse, soy YO quien manda según mis designios y mi propio pensamiento, aún por encima del ordenamiento normativo internacional y de los Derechos Humanos y lo más aberrante, a mi juicio, es que ya el hegemón no se molesta en ocultar sus verdaderas motivaciones, que son: el tratar de evitar el colapso económico de los EEUU mediante el apoderamiento a gran escala de las reservas de petróleo y otros minerales valiosos del mundo. La iniciativa de “dominar” Groenlandia, la intervención en las elecciones presidenciales de 2025 en Honduras, la toma del poder ejecutivo y del petróleo de Venezuela mediante la sumisión de sus dirigentes, otrora fieles al presidente Nicolás Maduro, su desprecio por Europa y la iniciativa de sustituir a la ONU por un “Consejo de Paz” dirigido por su batuta, muestran a las claras sus intenciones de ser el rey del mundo.
¿Será que en el fondo sus agresiones a Irán y su deseo de controlar a Brasil completan su sueño de ser el rey del petróleo mundial?
Parece que toma vida el personaje Ebenezer Scrooge, creado por Charles Dickens en su obra “A Christmas Carol” (1843), y que es el arquetipo de la codicia monetaria extrema en la literatura occidental.
En concordancia con lo anterior, a principios de diciembre del 2025, se conoció el documento “ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL” (ESN), preparado por el equipo de gobierno del presidente Donald Trump, en el cual describen las prioridades y objetivos geopolíticos de los Estados Unidos para los próximos 5 años (2026 a 2030).* Nos presenta una definición clara de cómo quieren enfocar sus esfuerzos en controlar su entorno próximo definido como “Las Américas” (norte, centro y sur), para asegurar el dominio de los recursos que, según ellos, pertenecen a “su entorno natural”.
Es un corolario de la llamada Doctrina Monroe anunciada por James Monroe, presidente de los Estados Unidos, el 2 de diciembre de 1823, y que se resume en la frase “América para los Americanos”. El sentido de esa doctrina era impedir que las naciones europeas intentaran reconquistar sus recién perdidas colonias, y aunque se presentó como protección para América Latina frente a Europa tras las independencias hispanoamericanas, en la práctica se convirtió en la base ideológica de la expansión e intervención estadounidense en el hemisferio durante los siglos XIX y XX. Ya no son acciones de un gobierno aislado, son acciones de política estatal respaldadas por un documento oficial.
Claramente se expresa en el preámbulo del documento: “Nuestro deber principal es proteger al pueblo estadounidense, nuestra soberanía y nuestra prosperidad. Los días en los que Estados Unidos asumía la carga de sostener el orden mundial, como si fuéramos Atlas, han terminado.” Y más adelante continúa: “El mundo está cambiando. Las regiones importan de formas diferentes. Europa enfrenta un declive interno; Asia atraviesa tensiones estructurales; el Medio Oriente debe asumir su propia estabilidad; y el Hemisferio Occidental —nuestra región— vuelve a ser el centro natural de nuestra seguridad.” (subrayado fuera de comillas).
El documento es una declaración diáfana de que Estados Unidos es y seguirá siendo una potencia mundial, pero que ahora debe compartir su hegemonía con otras esferas de poder mundial, y por lo tanto debe replegarse y fortalecerse en su propio entorno cercano. Rusia, China, India y Asia cercana ya no serán sus “enemigos”, serán sus “competidores”. Bienvenido el mundo multipolar.
¿Y… en Colombia?
El documento ESN nos menciona así: “Colombia es un socio esencial para la estabilidad del norte de Sudamérica y el Caribe. Su ubicación estratégica, su rol en la lucha contra organizaciones narcotraficantes y su importancia en cadenas de suministro de minerales críticos hacen indispensable una relación más profunda … Estados Unidos reforzará la cooperación en seguridad, inteligencia, interdicción marítima y control de fronteras, siempre bajo un marco de resultados verificables en reducción de cultivos ilícitos, neutralización de redes criminales y control de rutas aéreas y marítimas … Colombia será un socio prioritario en proyectos de infraestructura y energía que fortalezcan la integración hemisférica y reduzcan la dependencia de potencias extrarregionales.” (fuera China y todo lo que no sea EE.UU.).
Las consecuencias de corto, mediano y largo plazo para nuestro país son profundas. Recordemos que en pocos meses tendremos elecciones de Congreso y de Presidente. ¿Estarán esos procesos democráticos exentos de la injerencia de los Estados Unidos? ¿Nuestro futuro debe alinearse completamente con el del país del norte? O será posible y conveniente buscar alianzas con otras potencias y otros actores geopolíticos que nos han ofrecido su apoyo tecnológico y financiero.
Colombia merece vivir su propia historia sin sufrir la opresión neocolonialista de algún hegemón. Tenemos el derecho de tomar nuestras propias decisiones y que la historia luego juzgue si fueron equivocadas o no.
El año 2026 será un punto nodal en nuestra historia y vital para el desarrollo sólido y equitativo que deseamos tener en el 2030. Los objetivos que nos fijemos para el 2026 deben incluir una reflexión sesuda y no emocional de las decisiones políticas que vamos a tomar en el momento de votar.
* También se conoció en Enero de 2026 el documento ESTRATEGIA DE DEFENSA NACIONAL, presentado por el Departamento de Guerra de Estados Unidos, y que traduce la ESN al ámbito militar.
*Economista, especialista en Economía Internacional.
