Reseña de libro: Klara y el Sol
- Bertilda Libertad y sus contertulios.
- 21 feb
- 2 Min. de lectura

Una novela que evidencia la fragilidad humana ante la promesa tecnológica.
El escritor de origen japonés y nacionalizado británico Kazuo Ishiguro fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2017 por su “capacidad para descubrir la fragilidad de la conexión humana con el mundo”. Esa fragilidad —que atraviesa buena parte de su obra— reaparece con especial fuerza en esta novela publicada en 2021, donde el autor desplaza la pregunta hacia un territorio aún más inquietante: el de la inteligencia artificial y su convivencia con la vulnerabilidad humana.
En Klara y el Sol, Ishiguro nos adentra en un mundo donde la tecnología no solo asiste, sino que acompaña emocionalmente. Klara es una AA (Amiga Artificial) que funciona con energía solar y es adquirida para acompañar a Josie, una niña enferma. Desde su mirada atenta y silenciosa, accedemos a una sociedad que ha normalizado la intervención tecnológica en la mayoría de los ámbitos de la vida. Pero más que describir un futuro distante, la novela parece observar nuestro presente con una lucidez incómoda.
Lo perturbador no radica únicamente en el avance tecnológico, sino en la disposición humana a delegar en ella, aquello que antes pertenecía al territorio íntimo del afecto, la fe y la esperanza. Klara aprende, interpreta, confía. Y en ese proceso, termina reflejando nuestras propias carencias. Ishiguro no plantea una distopía estridente; construye, en cambio, una inquietud silenciosa: ¿hasta qué punto el deseo de evitar el sufrimiento puede llevarnos a subvertir el orden natural de las cosas y redefinir lo que entendemos por vida, identidad o vínculo?
Aunque la novela fue escrita antes del auge vertiginoso que hoy vive la inteligencia artificial, su lectura resulta sorprendentemente actual. La narrativa es breve pero densa; delicada en su forma, pero profunda en sus implicaciones éticas. Nos enfrenta a una posibilidad inquietante: que la tecnología no solo complemente nuestras capacidades, sino que aspire a sustituir aquello que creemos irreemplazable.
La puesta en escena de este libro nos obliga a preguntarnos cómo hemos llegado niveles de automatización capaces de replicar gestos, emociones y decisiones. Es tan actual este libro que vale la pena pasar detenidamente por sus páginas, además de bien tejidas las emociones hasta estremecernos y reflexionar: ¿ hasta dónde dejaremos avanzar la IA?, ¿deben los gobiernos establecer controles a las corporaciones que desarrollan esta tecnología?, ¿Y si no lo hacen, qué transformaciones podrían alterar de manera irreversible nuestra concepción de lo humano?
Cabe preguntarnos sobre la afirmación que hace Yubal Harari en la conferencia de Davos (Suisa/2026), ¿y si la IA no es una herramienta tecnológica avanzada, sino lo que se ha creado es un “ente”?

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