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Primer paso: Desea que el camino sea largo

  • Roberto Ismael Prada Hernández
  • 27 mar
  • 8 Min. de lectura

“cuando el alma decide viajar”

Introducción: El primer paso del regreso a Ítaca

 


“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes; no encontrarás a tales monstruos en los caminos si tu pensamiento permanece elevado, si una exquisita emoción toca tu espíritu y tus sentidos.”

Constantino P. Kavafis, "Ítaca" (1911)

 

Estos versos del poeta griego Constantino Kavafis no son solo poesía: son un mapa del alma humana. Ítaca no es solo un destino geográfico, es la metáfora de nuestro hogar interior, el lugar de plenitud, coherencia y propósito al que todos anhelamos regresar. Pero el viaje a Ítaca no comienza con un barco, una brújula o un destino marcado en un mapa. Comienza con un deseo profundo en el corazón: el deseo de que el camino sea largo, rico, transformador.

 

En "El regreso a Ítaca: los 12 pasos que cada viajero puede recorrer una y otra vez a lo largo de la vida”, trazamos la ruta completa de este viaje interior que se convierte en liderazgo transformacional. Pero ningún viaje auténtico comienza sin el primer paso: Decidir que queremos viajar de verdad.

 

Este artículo marca el umbral entre la vida en automático y la vida consciente. Aquí conocerás a Carlos, María, David, Sofía, Luis y Mateo, seis viajeros muy distintos que descubren (cada uno desde su propia historia) que el éxito externo no basta, que se necesita sentido, que el alma también pide Ítaca.

 

Carlos abrió el correo a las 5:47 a. m., como casi todos los días. La bandeja estaba llena de asuntos "urgentes", reuniones, informes por revisar. La ciudad aún dormía, pero su mente llevaba horas despierta. Director regional, MBA, bonos por desempeño, oficina con vista… y, sin embargo, esa madrugada la pantalla le devolvió una pregunta que no podía cerrar como un archivo más: 

 

"¿Es esto todo?"

 

Tenía una buena casa, una familia a la que amaba y un nombre respetado en su sector, pero por dentro sentía una especie de hueco silencioso, como si hubiera construido una vida entera sobre una escalera apoyada en la pared equivocada. Ese fue el primer día en que Carlos se atrevió a pensar que, quizá, necesitaba un viaje de vuelta a sí mismo: su propia Ítaca. 

 

Myles Munroe lo expresó magistralmente, en uno de sus libros: “La mayor tragedia no es la muerte, sino una vida sin propósito.”

El puerto de los que ya no se conforman

 

Lo que Carlos no sabía era que al mismo tiempo, otros viajeros estaban llegando al mismo puerto interior, cada uno desde su propia historia:

 

- María, gerente de una multinacional, se sentía agotada de salvar crisis ajenas sin recordar cuándo fue la última vez que hizo algo sólo porque la alegraba. 

- David, emprendedor exitoso, se descubría temiendo perder lo más importante (su familia, su alma) mientras aferraba el timón de su empresa. 

- Sofía, madre entregada, lloraba en silencio frente a una pila de platos preguntándose: "¿Y yo dónde quedo?"

- Luis, empresario jubilado con décadas de mar a sus espaldas, miraba sus diplomas y se preguntaba cuál era su verdadero legado

 

Y luego estaba Mateo, que parecía no encajar en la lista de los "descontentos". Alto ejecutivo en comunicaciones, escritor de cuentos, productor de películas, casado con Moira en un matrimonio sólido de cinco años. Acababa de cerrar una videoconferencia sobre una fundación que financiaba educación rural. Su itinerario: festival de cine en Europa, charla TED, retiro creativo. 

 

"No necesito nada. Viajo por viajar, por vivir, por sumar experiencias" pensó mientras caminaba hacia la puerta de embarque. A los 35 años, lo tenía todo: éxito, impacto social, reconocimiento, estabilidad. Pero algo lo inquietaba lo suficiente como para inscribirse en el grupo de viajeros. No era un vacío… era una curiosidad profunda: ¿Hay algo más que no estoy viendo?

 

Sin conocerse aún, todos estaban llegando al mismo puerto: el lugar interior en el que ya no basta con sobrevivir o acumular logros; se necesita sentido

 

En palabras de Kavafis: 

 

“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias.” 

 

El viaje no comienza cuando cambian las circunstancias, sino cuando el alma deja de conformarse con vivir en automático y desea de verdad viajar.

 

Del "quiero llegar" al "quiero crecer"

 

El primer paso del regreso a Ítaca no es partir, sino revisar qué tipo de viaje se desea:

 

- El viaje corto, obsesionado con llegar rápido, colecciona logros pero deja poco espacio para la transformación. 

 

- El viaje largo en cambio, acepta que lo esencial toma tiempo, que habrá errores, desvíos, recaídas… pero también profundidad. 

En una de las primeras reuniones del grupo, Sofía lo expresó con claridad: "Yo siempre quise llegar rápido… pero ahora entiendo que mi travesía presente es internarme en las aguas profundas de mí misma, allí donde el alma se revela y se reconoce.” 

 

Esa frase marcó a todos.

 

Carlos manifestó que llevaba años viviendo para "llegar": a la meta, al bono, al próximo objetivo.

 

Mateo, por su parte, confesó con una sonrisa: “Yo pensé que ya había llegado. Pero escuchándolos, me pregunto si he estado viajando solo por acumular millas, no por encontrar mi Ítaca." 

 

María añadió, con los ojos húmedos: “Yo creía que la depresión era algo que les pasaba a otros, no a profesionales exitosas como yo”.

Luis, con su voz calmada de décadas, añadió: “A mi edad, sé que se puede tener todo por fuera y seguir perdido por dentro. El viaje largo no es solo para los jóvenes." 

 

David asintió con pesadez: “¿Cuándo se convirtió la victoria en un lugar tan vacío?”

 

“La mayor tragedia de la vida es no llegar a ser la persona que podrías haber sido”, lo expresó Myles Munroe 

 

El deseo de un camino largo es esa visión: ver más allá de la próxima entrega, del próximo festival de cine, del próximo proyecto social, de la próxima etapa de la vida.

 

La herramienta olvidada: claridad de propósito

 

Aquí se ve el lado más humano de cada viajero: no empiezan con una frase perfecta, sino con una incomodidad (o curiosidad, en el caso de Mateo). 

 

Carlos comenzó a preguntarse:

- ¿Para qué estoy haciendo lo que hago? 

- ¿A quién sirve de verdad mi trabajo? 

- ¿Qué parte de mí se expande con esto… y qué parte se va encogiendo?

 

María empezó un cuaderno donde escribía: "Quiero volver a sentir que lo que hago importa de verdad para las personas". David se preguntó si su empresa servía solo para ganar dinero o también para construir algo que permaneciera. Sofía escribió en su refrigerador: "Mi vida también es mi proyecto". Luis buscaba reconciliar sus fracasos con un legado de fe. 

 

Y Mateo, que siempre había definido su propósito por sus logros visibles, se quedó pensando en la pregunta de Luis: "¿Qué pasaría si mi verdadero propósito no fuera ser admirado, sino ser fiel?"

 

No cambiaron de trabajo todavía, no se mudaron de ciudad, no hicieron locuras. Pero algo decisivo ocurrió: dijeron que sí al viaje interior.

 

La dimensión bíblica del punto de partida:

 

La Biblia está llena de llamados a viajar sin mapa completo:

 

- A Abram, Dios le dice: «Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré» (Génesis 12:1). No le da coordenadas, le da dirección y promesa. 

- A los discípulos, Jesús simplemente les dice: «Sígueme» (Mateo 4:19). No hay plan de carrera detallado, hay relación y camino. 

 

“El hombre se convierte en lo que cree de sí mismo.” – Mahatma Gandhi 

 

El viaje de fe siempre comienza cuando alguien se atreve a dejar de vivir por inercia y responde a un llamado interior que, a veces, solo se oye como un susurro, incluso así como cuando Mateo escuchó "lo tienes todo". 

 

En lenguaje de liderazgo, John C. Maxwell lo concreta así: 

 

“El liderazgo es influencia… y la primera persona a la que debes influenciar es a ti mismo.” 

 

Desear el camino largo es precisamente eso: empezar a influenciar tu propia vida hacia un horizonte más alto que la mera supervivencia o acumulación de experiencias.

 

La visión que da esperanza

 

Al mirar su vida a cinco o diez años, cada viajero se hizo la pregunta incómoda. Carlos, vio más logros pero sin paz. María, más agotamiento. David, más crisis sin alma. Sofía, más auto-anulación. Luis, más dudas sobre su legado

 

Mateo fue el único que levantó la mano: 

 

-       "Yo veo más de lo mismo… pero mejor. Más impacto, más proyectos, más reconocimientos. ¿Por qué cambiar?" 

 

Carlos le respondió con una sonrisa: 

 

-       "Porque tener más de lo mismo no garantiza ser más de lo que ya eres." 

 

El salmista lo expresa como una súplica profunda: 

 

-       “Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría” – Salmo 90:12 

 

Contar bien los días no es solo planificarlos, es mirarlos a la luz del propósito. Es dejar de acumular semanas sin alma, o experiencias sin profundidad, y empezar a elegir una forma de caminar que deje huella en el corazón propio y en el de otros.

 

Claves de liderazgo transformacional:

 

Este inicio revela que el liderazgo transformacional comienza con un despertar interior, sin importar si estás en crisis o en la cima:

 

1. Se deja interpelar por preguntas incómodas, incluso cuando "todo va bien" (como Mateo). 

2. Revisa si su visión de éxito está alineada con el bien común, no solo con logros personales. 

3. Acompaña a otros a encontrar su propio propósito, no solo metas corporativas. 

4. Admite que puede estar equivocado sobre su propio éxito (Mateo descubriendo que "tenerlo todo" no es Ítaca). 

5. Elige el camino largo: liderazgo que transforma a largo plazo, no solo resultados inmediatos.

 

Ejercicio para el viajero-líder: decirle "sí" al viaje

 

Este primer paso no se vive solo leyendo; se vive decidiendo. Te propongo tres preguntas:

 

1. Si sigo viviendo exactamente como hasta ahora, ¿cómo estaré, por dentro, en cinco años? 

2. ¿Qué parte de mí se siente llamada a algo más profundo, aunque no sepa aún qué es?

3. ¿Estoy dispuesto a que el camino sea largo, a aprender, equivocarme y volver a empezar?

 

Puedes terminar con una reflexión simple. Incluso, si no tienes las palabras perfectas, puedes conversar contigo mismo: 

 

“Si hay un viaje que necesito emprender, despierto en mí el deseo de caminar con propósito. No quiero vivir solo para llegar; quiero vivir para crecer.”

 

Así comienza el regreso a Ítaca: no con un plan perfecto, sino con un corazón que se atreve a reconocer que necesita moverse. Y que, por primera vez en mucho tiempo, desea que el camino sea largo

 

Próximo Artículo Segundo paso: "Prepárate para los Mares y los Vientos"

 

Imagina a David frente al rugir de las olas, no como un conquistador de tormentas, sino como arquitecto de su propio navío interior. El liderazgo transformacional no se forja en la calma, sino en la audacia de navegar vientos feroces con un corazón anclado en la Roca eterna.

 

El Barco del Alma Forjado

 

Mientras las tormentas azotan, David descubre la verdad suprema: no se trata de dominar los elementos externos, sino de fortalecer las velas del espíritu, el timón de la fe y el casco de la resiliencia divina. Cada embate del mar se convierte en maestro, puliendo su liderazgo hasta hacerlo luminoso e inquebrantable.

 

Navegar, No Controlar

 

En esta travesía, el verdadero capitán aprende que el poder reside en la entrega confiada: ajustar las velas al viento del propósito, confiar en la brújula celestial y celebrar la danza de las olas como invitación al crecimiento. David emerge no como domador de mares, sino como navegante eterno, listo para guiar flotas enteras hacia Ítaca.

 

 

*Ingeniero Industrial; Maestría en Gestión Ambiental y Desarrollo Sostenible; Coach Ontológico certificado; estudios en Coaching con PNL y Neuroteología. Con experiencia en el sector privado y público, sector farmacéutico, financiero, informático, académico y eclesiástico.

 

2 comentarios


Luz Amparo Losada
hace 3 días

Me encantó el artículo. Trato de que la biblia sea el faro que guíe mi vida, no por fanatismo di no por convicción. Respondo las preguntas;


  1. Es imposible que yo sea la misma persona dentro de 5 años aún si no hago nada, la vida es un curso para pasar materias que si se pierden hay que habilitar.

  2. Una parte de mi me empuja siempre a lo desconocido

  3. Todas las cosas obran para bien y tienen propósito

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Sara Carolina Jiménez
08 abr

Excelente artículo para reflexionar y emprender un viaje que en determinado momento, todos necesitamos. Muchas Gracias!

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