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Jung y la Alquimia.

  • Gonzalo Echeverri Uruburu
  • 23 abr
  • 4 Min. de lectura

No puede desconocerse que Carlos Gustavo Jung (1875- 1961) es uno de los pensadores más influyentes de los últimos años, no sólo como creador de la psicología analítica y sus originales aportes sobre el inconsciente colectivo, los arquetipos, el ánima y el ánimus y muchos otros, sino también por sus eruditos estudios sobre el simbolismo- especialmente el onírico- y sus relaciones con los trastornos psicológicos.


El gran investigador suizo era además de médico psiquiatra, un hombre de inmensa cultura y de amplísimos intereses que iban desde estudio de la antropología, los mitos, las religiones, la filosofía y el arte, hasta-lo que es más notable- los fenómenos psíquicos, el espiritismo y las ideas esotéricas, místicas y gnósticas. Pero a pesar de sus amplias perspectivas, nunca renunció a su mentalidad científica y a su espíritu crítico.


Interés por la alquimia

A raíz del estudio de un antiguo tratado chino El secreto de la flor de oro, Jung se apasionó grandemente por la alquimia (arte de la trasmutación de lo vil en lo noble), y fue así como estudió detenidamente muchos textos europeos sobre este tema a pesar de que generalmente se considera como una pseudo ciencia fruto de delirantes fantasías; estudio que se le facilitó por su dominio del latín, lengua en que se encuentran escritos la mayoría de estos textos, de los cuales se dice, dicho sea de paso, hay centenares sin examinar.


En tales tratados encontró el estudioso investigador un rico simbolismo que lo llevó a concluir que había dado con “ el duplicado histórico de mi psicología del inconsciente” con su constante paralelismo con sus propias concepciones sin que hubiese tomado algo de las ideas alquimistas que le interesaron fundamentalmente por sus aspectos filosóficos y simbólicos y no por las prácticas de transmutación de los metales en oro; prácticas desacreditadas e incluso prohibidas en diversas épocas y países. Lo fundamental es la trasformación del propio alquimista que alcanza la “Gran Obra “de purificar todo su ser. Sobre el particular H.P. Blavatsky, gran maestra ocultista, puntualiza que la alquimia “en su aspecto superior enseña la regeneración del hombre espiritual, la purificación de la mente y de la voluntad, el ennoblecimiento de todas las facultades anímicas”. Hay un cambio de consciencia que convierte al practicante en un hombre “despierto” a la verdadera realidad.


Uno de los aspectos que más llamó la atención de Jung, es la concepción alquimista de los pares de opuestos que al fusionarse alcanzan la perfecta purificación; y estos pares de opuestos son muy notables en la obra del psiquiatra suizo: consciente-inconsciente, extraversión- introversión, ánima-ánimus, etc.


Esta oposición de contrarios se encuentra no solo en los individuos, sino también en todas las sociedades en la lucha de “las fuerzas tenebrosas de la vida” contra lo que parecía un mundo civilizado en el que predominaba lo racional. Ejemplo de ello es lo que escribió en 1936 sobre la Alemania nazi: “lo más impresionante del fenómeno alemán es que un hombre visiblemente poseído haya contagiado a una nación entera…”


También se encuentra en dichos textos que los alquimistas tenían como uno de sus fundamentos teóricos, el concepto de energía mental, lo cual lo sorprendió mucho y coincidía con sus propias ideas sobre la naturaleza y funciones de la mente.


Revaluación de la alquimia

Que una persona del prestigio de Jung le dedique tanto empeño al estudio de estas antiguas ideas ha contribuido notablemente a su reexamen y valoración. Aunque sin duda existen muchos textos que parecen groseras supersticiones y fantásticos delirios; tanto que algunos autores consideran que son el resultado de una intoxicación con el mercurio que manipulaban los alquimistas.


No hay que olvidar, sin embargo, que hombres muy notables como Alberto Magno, Roger Bacon, Paracelso, Robert Boyle practicaban este antiguo arte esotérico. Pero lo más sorprendente es que el propio Isaac Newton, uno de los progenitores del riguroso y racionalista método científico era un estudioso ferviente de la alquimia a cuyo estudio dedicaba más tiempo que a su grandes investigaciones sobre óptica, gravitación universal y matemáticas, tanto que alguno de sus biógrafos J.B.Dobs llegó a decir que “la naturaleza toda del padre de la física moderna no es sino un alambique alquimista”.


Y lo más extraordinario: la idea de transmutar un metal en otro, que parecía completamente absurda, es un hecho comprobado a partir de los experimentos de Rutherford pues basta separar un protón del núcleo del nitrógeno para obtener un isótopo del oxígeno. Esto, por supuesto, con métodos muy diferentes, aceptando que los alquimistas hubieran logrado la tan anhelada transmutación.


Por todo ello, el aporte de Jung a la comprensión de las antiguas tradiciones es bien notable y es una muestra de la apertura mental que debe caracterizar al verdadero investigador, sin que ello implique- hay que decirlo - la renuncia al examen riguroso y crítico propio de la ciencia moderna. Y como lo dijeron L. Pauwels y J. Bergier en su celebrada obra El retorno de los brujos, “Es preciso interrogar en serio a la antigüedad para acelerar el propio progreso”.




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