El misterio de la conciencia
- Gonzalo Echeverri Uruburu
- 23 feb
- 8 Min. de lectura

Con razón se ha dicho que el fenómeno que llamamos conciencia es uno de los misterios más grandes de la vida. Años de exhaustivas investigaciones, adelantadas en todo el mundo con los más sofisticados métodos, no han podido explicar satisfactoriamente cómo las estructuras cerebrales y sus complejos procesos electroquímicos soportan la experiencia de autorreconocimiento que constituye nuestra realidad más inmediata. Es algo tan inexplicable como la aparición del genio cuando Aladino frotaba su lámpara, según decía metafóricamente el gran biólogo Thomas Huxley.
No existe un concepto unívoco de la conciencia; al contrario, pululan gran variedad de definiciones y de concepciones distintas. Podemos, sin embargo, caracterizarla como la mencionada capacidad de autorreconocimiento, o la percepción de los propios contenidos mentales, la cual es una facultad superior de la mente. Pero hay otras teorías de claras tendencias místicas, según las cuales la conciencia es la realidad fundamental.
Diversas concepciones
Durante muchos siglos ha predominado la concepción dualista de acuerdo con la cual el ser humano tiene dos componentes irreductibles: el cuerpo que es material y el alma de naturaleza inmaterial. Esta idea, con diversas variantes, es universalmente propugnada por todas las culturas ancestrales y es fundamental en la mayor parte de las creencias religiosas y de sus doctrinas sobre la otra vida. Filosóficamente es sostenida por grandes pensadores como lo fueron Sócrates y Platón en el mundo antiguo, Tomás de Aquino y toda la escolástica en la Edad Media y más recientemente por Descartes y su tajante distinción entre la res extensa (la materia), y el pensamiento o res cogitan, llegando al extremo de decir que “el hombre es un ángel que mueve una máquina”.
Para otra concepción teórica que podemos denominar como idealista, la mente y la conciencia constituyen la realidad primera y fundamental y por tanto la materia es una apariencia de carácter ilusorio, sin sustancia propia. Y esta doctrina sostenida de manera radical por el obispo irlandés George Berkeley, aunque parece inverosímil, puede sustentarse racionalmente, pues de la mente y sus contenidos es de lo único que tenemos experiencia inmediata y directa, de manera que el mundo exterior es sólo una suposición que con frecuencia resulta engañosa. Con razón dijo B. Russell “que esta tesis es la más difícil de aceptar y también las más difícil de refutar”.
En la actualidad es un hecho que, debido principalmente a los avances de la neurociencia, predomina la concepción según la cual la mente y la conciencia son productos o epifenómenos del cerebro, aunque de gran complejidad y sutileza, materiales, a fin de cuentas.
Sin embargo, el hecho de que las funciones cerebrales y los estados mentales estén estrechamente correlacionados no implica que la mente como tal y en particular la conciencia sean un efecto de la actividad del cerebro. Es cierto que las imágenes por resonancia magnética y otras sofisticadas técnicas muestran que los contenidos mentales están ligados con áreas específicas del tejido cerebral; pero, como se ha dicho no tienen necesariamente la relación causa-efecto. Lo mismo puede decirse de un receptor de televisión que no es la causa de los sonidos e imágenes, aunque cualquier alteración de dicho receptor conlleva también alteraciones en tales sonidos e imágenes.
El panpsiquismo
Actualmente varios filósofos y hombres de ciencia se inclinan a pensar que todo lo real tiene un aspecto mental y esto les permite afirmar que también la materia tiene un componente psíquico; por ello tanto la materia como la mente serán solo aspectos de una realidad más fundamental, existente desde los orígenes mismos del universo.
En este sentido es famosa la declaración de Sir James Jeans según la cual, ante las extrañas concepciones de la nueva física “el mundo se parece más a un gran pensamiento que a una gran maquinaria”. Por su parte el Nobel Paul Dirac hablaba sin inmutarse del “libre albedrío de los electrones” -en lo que coincide con Freeman Dyson, un destacado físico que sostiene la atrevida tesis de “que la capacidad de elegir es inherente a cada electrón” por lo que puede decirse que todo lo material tiene una protoconciencia que es la misma opinión expresada por un filósofo de la talla de Alfred North Whitehead y pensadores como Sri Aurobindo y Teilhard de Chardin.
Ya desde los sorprendentes hallazgos de que da cuenta especialmente la física cuántica, Sir Arthur Eddington había dicho sin rodeos que “el sustrato de todas las cosas, incluso las de apariencia más material, es de naturaleza mental”. Schrödinger no se queda atrás e incursiona en la mística cuando postula la existencia de una sola mente y un físico como Fred Alan Wolff resume su pensamiento con la frase atrevida según la cual “el objetivo tanto de la ciencia como de las antiguas tradiciones es comprender la trasmutación sagrada de la mente en materia…”.
Ante la evidencia de la “desmaterialización de la materia”, incluso filósofos nada heterodoxos como Johannes Hessen se ven obligados a reconocer que “es posible que la materia sea voluntad o espíritu creador…si intentamos determinar la materia desmaterializada en su más íntima esencia, en su ser en sí, apenas nos queda otra salida que recurrir al ser no material para interpretar el estrato más bajo del cosmos por uno más alto”.
Según la llamada “interpretación de Copenhague “debida a Bohr y Heisenberg, la nueva física ya no se ocupa en escrutar la realidad como si fuera algo externo y objetivo según el sentido común y las clásicas concepciones materialistas y mecanicistas, pues los fenómenos cuánticos se abordan como un continuum del que nuestra conciencia no está separada porque al observar los hechos los modificamos, o sea que el observador forma parte del experimento pues al observar actualiza una de las muchas posibilidades, fenómeno llamado “colapso de la función de onda”. Por ello según John Archibald Wheeler, gran gurú de la física americana “nada existe hasta que es observado”, planteamiento radical que coincide con el del citado filósofo George Berkeley, según el cual ser es ser percibido. Hay, incluso, quienes creen que la conciencia algún día hará parte de las ecuaciones de la física como lo sugiere Carl F. Von Weizsäcker.
Para un científico como Robert Lanza, autor de la teoría biocentrica, “el problema de fondo es que hemos ignorado un componente crítico del cosmos: la conciencia…lo que percibimos como realidad es un proceso que exige la participación de la conciencia…”.
Sobre este punto opina Michio Kaku que “posiblemente la idea más extraña de toda la ciencia es el concepto de la física cuántica según el cual la conciencia podría ser la base fundamental de toda la realidad”
Universalidad de la conciencia
Aunque la conciencia aparentemente es un fenómeno exclusivamente individual, diversas experiencias y estudios antropológicos con tribus nativas de diferentes partes del mundo, parecen demostrar que, en ciertas condiciones, los chamanes de dichas tribus pueden comunicarse con otros individuos sin el uso de los sentidos ordinarios, en una verdadera “participación simpática “
Esta conexión abarca también elementos culturales porque es un hecho que sin tener contacto en el tiempo o en el espacio, diferentes sociedades comparten mitos, símbolos, imágenes y arquetipos similares como C.G. Jung lo advirtió. Este hecho parece corroborar la tesis del físico David Bohm, según la cual “profundamente, la conciencia de la humanidad es única”. Al tiempo que el también físico Henry Stapp pone de presente la existencia de “conexiones no locales”.
Un hecho bien documentado es el del evidente nexo entre los hermanos gemelos porque cuando uno de ellos experimenta un dolor, por ejemplo, el otro con frecuencia, siente lo mismo.
De otra parte, hay que tener en cuenta que la telepatía ha sido demostrada en múltiples experimentos, especialmente los realizados por J.B. Rhine en la Universidad Duke, en Carolina del Norte, Estado Unidos, que comprueban el vínculo entre dos o más mentes sin intervención de los sentidos ordinarios, fenómeno que no debe concebirse como trasmisión de información, pues no se trata de una onda que se trasmite sino de una realidad que se comparte.
De diaria ocurrencia es el fenómeno de la psicología de las masas, según el cual los sujetos individuales pierden momentáneamente su identidad, lo que permite explicar episodios de violencia colectiva desenfrenada, persecuciones y linchamientos y muchos otros comportamientos grupales.
Estados alterados de conciencia
La conciencia humana presenta múltiples variedades entre las cuales es importante resaltar los llamados “estados alterados de conciencia” como ocurre durante intensa concentración o mediante la meditación, o por el ayuno, movimientos rítmicos, por ejercicios especiales de respiración o por el uso de determinadas sustancias o drogas como la mescalina y el LSD y también durante experiencias cercanas a la muerte.
Estos estados alterados de conciencia permiten acceder a información de otras realidades que Aldous Huxley en su notable obra las puertas de la percepción caracteriza así: “Hay un oscuro conocimiento de que Todo está en todo, de que Todo es realmente cada cosa…”
Por su parte, durante más de cuarenta años el reconocido psicólogo Stanislav Grof ha investigado estos estados de conciencia y ha comprobado que durante estas experiencias existe ciertamente la posibilidad de conectar con información verídica no accesible a la conciencia ordinaria.
El vacío cuántico y la información
De acuerdo con la ciencia, las partículas, el átomo y también las moléculas, células y organismos, surgen y evolucionan en el tiempo- espacio emergiendo de una realidad virtual, llamada vacío cuántico cuyos componentes interactúan continuamente, surgen y desaparecen constantemente en fracciones de segundo. Y si todo se origina en el vacío cuántico, puede decirse que la conciencia también tendría allí su fundamento, y por ello es válido preguntarnos sobre la posibilidad de que la conciencia pueda existir fuera de la mente de manera que no sea exclusiva de los seres humanos o de otros seres vivos. Y este concepto, hay que decirlo, no es nuevo; por el contrario, es la esencia de la filosofía vedanta de la antigua India, en una de cuyas escrituras el Mundaka Upanishad, expresamente se declara: “Por la energía de su conciencia Brahmán (Ser Supremo) se hace masa y de esta nace la materia y de la materia la vida, la mente y los mundos…”
Según Erwin Laszlo muchos hechos comprobados sugieren que el universo es un sistema coherente con alto grado de integración que puede compararse con un organismo vivo en el cual predomina la información como su propiedad más importante que establece una conectividad entre los fenómenos cuánticos, la vida, la conciencia y el cosmos.
La información puede compararse con el software de un sistema siendo un factor real y efectivo en un universo que además de partículas elementales y átomos está conformado por campos continuos que conservan y trasmiten también energía e información. Según este concepto que podemos llamar del universo informado, nada es local, todas las cosas son globales y su memoria e información se extiende a todos los lugares y a todos los momentos.
En determinadas circunstancias según viene de decirse, nuestro cerebro individual puede acceder -mediante la expansión de la conciencia- a diversos niveles de una realidad que es inmensamente variada. Incluso a la experiencia de la unidad de todas las cosas. Pero en condiciones ordinarias la información está limitada y filtrada por nuestro cerebro; de no ser así, nos veríamos abrumados por inmensas cantidades de información que nos harían casi enloquecer.
Evolución de la conciencia
Según muchos estudiosos, nuestra conciencia no siempre ha sido igual, sino que ha ido evolucionando para orientarnos hacia niveles superiores. Así lo postulan pensadores como Richard Bucke para quien la humanidad se elevará hacia la conciencia mística al tiempo que se dirige hacia una conciencia planetaria (la noosfera), según Teilhard de Chardin. Esta evolución de la conciencia se desarrolla desde el ego limitado hacia formas transpersonales que constituyen la fuente de iluminación y esperanza para el futuro de la humanidad, potenciando los valores de solidaridad y empatía con todos los seres vivos y el respeto e integración con la naturaleza.
Pero los grandes avances de la biotecnología plantean también no pocos dilemas éticos y filosóficos, especialmente ante la posibilidad de manipular nuestros estados mentales, percepciones, emociones y pensamientos. Así lo advierten investigadores como Rafael Yuste, director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia, para quien es urgente expedir regulaciones legales que protejan nuestra privacidad e identidad.
Podemos concluir que por muchos años más, la conciencia seguirá siendo uno de los más arduos problemas de la ciencia y de la filosofía. Pero como lúcidamente dice el psicólogo Steven Pinker, “nada da más sentido a la vida que la comprensión de que cada momento de conciencia es un don precioso y frágil”.
*Abogado. Exmagistrado del Concejo Nacional Electoral.

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