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Editorial: El Papa León XIV se pronuncia

  • Foto del escritor: Alvaro Echeverri Uruburu
    Alvaro Echeverri Uruburu
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 4 horas

El papa contra la justificación religiosa en la Guerra en Irán.



La opinión nacional, ocupada en los debates electorales que definirán el gobierno y el legislativo en el próximo cuatrienio, ha permanecido desentendida de la guerra que se adelanta hace un mes entre EEUU e Israel en contra de Irán que- no es un lugar común- puede acabar con la vida en la tierra, y no porque alguno de los contendientes en forma irresponsable decida emplear en arsenal atómico, sino porque en esta guerra los fanáticos religiosos que la han provocado, desde el Pentágono norteamericano, pretenden que ésta conduzca al “fin de los tiempos”, al “Armagedón” que anunciaría la segunda venida de Cristo a la tierra.


Por eso ha sido tan trascendental la homilía del Domingo de Ramos, pronunciada por el Papa León XIV en la cual deslegitimó desde la perspectiva cristiana, cualquier apelación a justificar la guerra en motivaciones religiosas.


En la parte central de su intervención dijo el Pontífice:

“Cristo Rey de la paz, al que nadie puede utilizar para justificar la guerra; que no escucha a los que oran por la guerra; esas plegarias el no las escucha de los que tienen las manos manchadas de sangre”.


La prensa y los analistas internacionales han entendido a quienes iban dirigidas esas palabras: sin duda al Presidente Trump y a los guerreristas estadounidenses y en particular a su llamado secretario de guerra, Pete Hegseth a quien se le ha visto en público rezar para que sus tropas maten al mayor número de enemigos iraníes.


Trump, cuya religiosidad es cuestionable y sin duda obedece a oportunismo político- no hay que olvidar que una quinta parte del electorado norteamericano profesa la religión evangélica y el 85% de ésta vota por Trump-, ha intensificado su retórica religiosa “con campañas en las que se le ha visto rodeado de políticos  y pastores que bajan la cabeza, colocan sus manos sobre él, cierran los ojos y le rezan cual mesías en un éxtasis narcisista, al tiempo que el lo llama <mis hermanos cristianos>” (Antonella Marty. “Dios, Patria y Poder. El nacionalismo cristiano que busca conquistar a Estados Unidos”).    


Los grupos evangélicos más fanatizados que apoyan a Trump, creen que éste ha sido efectivamente elegido por Dios para procurar la segunda venida de Cristo, a partir del momento en que se produzca el apocalíptico "Armagedón".


El Secretario de Guerra Pete Hegseth, no ofrece dudas sobre su compromiso fanático con un cristianismo militarista, presentándose en fotos con la imagen de un hombre viril y musculoso, lleva tatuado en su pecho la iconografía de las cruzadas. Una de ellas, representa la famosa cruz de Jerusalén, símbolo de ese movimiento guerrerista medieval. Se puede ver también una espada con la expresión latina “Deus Vult” (Dios lo quiere), que sirvió al Papa Urbano II para lanzar a Europa a una injusta guerra contra el mundo musulmán. Estos símbolos igualmente aparecieron en las banderas y en las ropas de muchos de los individuos que hacían parte de las turbas que asaltaron el Capitolio de Washington el 6 de enero de 2022, hecho que amenazó como nunca antes en la historia reciente, la proclamada democracia norteamericana.


Janessa Goldbeck, -ex marine de Estados Unidos- directora ejecutiva de la asociación “Vet Voice Foundation”, ha declarado:


“Pete Hegseth es una persona peligrosa. Es un nacionalista cristiano blanco y tiene a su disposición el arsenal militar del gobierno de Estados Unidos, además del permiso del presidente Trump para sembrar el caos donde quiera y contra quien quiera”.


Hegseth, obedeciendo a su ideología, ha transformado al pentágono en una herramienta para su cruzada cristiana, de la cual el Irán musulmán ha sido el primer objetivo.


A propósito de la guerra contra este país, la Fundación para la Libertad Religiosa Militar, afirma haber recibido más de doscientas quejas de militares acerca de comandantes que recurren a la retórica extremista sobre “el fin de los tiempos” para justificar la participación norteamericana en la guerra de Irán. Estos comandantes militares, en línea con su secretario de guerra, han dicho a sus tropas que Dios ha ungido a Trump para atacar a Irán.  Que esta guerra forma parte del plan divino que consiste en provocar “el Armagedón” que anuncia la segunda venida de Cristo.


¿Qué se puede pensar de un país, cuyos dirigentes que en pleno siglo XXI toman decisiones estratégicas basadas en profecías bíblicas de hace más de dos mil años? Lo más grave es que tales decisiones terminan por afectar al resto de la humanidad.


El Editor.

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