De frente, el sentimiento entero.
- Camila Echeverri Duarte

- 21 feb
- 3 Min. de lectura

Vengo aquí a confesar lo que muchos de ustedes ya habrán vivido hace años, varias veces, seguro con muchas personas. Perdonen, entonces, esta inocencia; es la primera vez que me pasa. Me estrello con las esquinas de la mesa, de la cama, dejo las llaves goteando, tiro las puertas aún cuando no hay viento.
Aquí en esta casa, en este amor que ahora comparto. ¿Cómo es que querer a alguien es también no saber hacerlo? No me malinterpreten, cuando entramos, ambos nos quitamos los zapatos. Él cocina, yo lavo. Me dice siempre que mejor con agua tibia y la cambia. Nos mostramos canciones, las guardamos. Tenemos ahora tantas que son nuestras. Vamos de la mano por la ciudad que nos inventamos. Las calles tienen los nombres de nuestros recuerdos; volvemos y volvemos a los sitios de siempre porque regresar tiene tanto de primera vez, como de guiño: aquí hemos estado siendo. Cuando llegamos a casa, nos dormimos sólo porque nos cansamos de hablar.
A la mañana siguiente es inevitable sentir que hay todo un día esperando a que lo veamos juntos. ¿Ustedes también sienten eso cuando el amor los alcanza? Ando leyendo a CJ Hauser y su Novia Grulla. Confirmo, una vez más, que ante cada evento que me pasa tengo la urgencia de acompañarlo con una historia, una trama que me confirme que estoy viviendo.
En el libro, Hauser regresa a sus propias veces para ver cómo es que después de tantos intentos, el amor nos hace.
En uno de sus ensayos, se pregunta si para volver a querer tendríamos que ser, en esencia, una piedra sin historia. Yo le pregunté a él qué canción captura mejor el sentimiento, no supo; dijo que hay muchas. La mía es la de Adele que dice:
“déjame fotografiarte en esta luz, en caso de que sea la última vez que podamos ser exactamente como éramos. Antes de que nos diéramos cuenta. Estábamos tristes por hacernos viejos; nos hizo inquietos. Estoy tan enfadada por hacerme vieja; me hace imprudente. Era como una película, era como una canción; cuando éramos jóvenes”.
Él me dijo que no, que esa era de desamor. Entonces, ¿qué más significa estar ahí? Otra vez nosotros. De frente, el sentimiento entero y parándosele a la par, igual de briosa, nuestra historia; todos esos intentos. Empecé diciéndoles que esta era la primera vez que me pasa, y ustedes dirán: ¿en serio?. Y yo: sí. Nunca había llegado así de lejos, así de tierno. En todo lo dicho sobre el amor, nadie me dijo que me haría así de blanda. Esta suavidad tan de tierra recién llovida, a veces es él pidiendo perdón; otras yo. De pronto, hay tanta verdad que vuelve a llover sólo para que escuchemos el agua arrullarnos.
En la lista de cosas que llamamos nuestras, agrego esta ternura. A veces, cuando lo tengo enfrente, justo antes de abrazarlo, me estallan todas esas cosas que la humanidad lleva siglos sintiendo: deseo, anhelo, soledad, miedo. ¿Cómo hacía antes de él para atravesar eso? ¿Por qué de pronto significa tanto? A lo mejor porque en los intentos de antes ni falta hacía responderlo.
Andaba por el mundo joven y eterna. La ligereza de la que Milan Kundera tanto advierte. Pero ahora que acumular meses y aniversarios hace parte de compartir lo nuestro, caigo en cuenta: tengo piel, huesos y músculos; lo que viva amando es lo que me queda. No porque valga más o menos que otros vínculos, sino porque compartir, sentir a fondo, dejarnos habitar, nos revela. Hace poco fuimos a la playa. Él escondió un brazo detrás de la espalda todo el camino. Solo cuando nos sentamos en la orilla sacó las flores.
Estuvimos hechos de algo en ese momento; no sé de qué, pero fue cierto. Los lirios dejaron en mi cuarto ese dulce húmedo de las flores que se abren. A pesar de mi terquedad, duraron todo lo que pudieron. Botarlas me hubiera roto; tenía que devolverlas al mar. Las puse en la orilla y pedí a las olas que se las llevaran rápido. Me aterraba que pensaran mal, que estaba contaminando la playa.Tardaron tanto las malditas olas. A pocos metros, una pareja de surfistas se asoleaba con su perro. Ella vio las flores flotando; no parecía creerlo. Maravillada, fue por ellas. Regresó con un ramo armado, las sonrisas de ambos gigantes antes del beso. Las plantaron cual bandera en su pedazo de playa.
Ellos y el amor que compartían.
De frente, el sentimiento entero.
*Estudios de Redacción creativa digital. U, de los Andes. Estudios de actuación en Los Angeles (California). Docente Online en enseñanza de inglés.

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