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Colombia en el 2030. parte 2

  • Foto del escritor: Jorge Mendoza
    Jorge Mendoza
  • hace 5 días
  • 6 Min. de lectura

De nuevo la ciudad de Santa Marta es el foco de atención mundial, como anfitrión de la “PRIMERA CONFERENCIA INTERNACIONAL PARA LA TRANSICIÓN MÁS ALLÁ DE LOS COMBUSTIBLES FÓSILES” que se desarrolló en el pasado mes de abril, con asistencia de un nutrido número de jefes de estado y representantes de los gobiernos de varios países. Fue coorganizada por el Gobierno de Colombia y el Reino de los Países Bajos, como continuación de la COP 30 celebrada en Belém - Brasil en noviembre de 2025, con el objetivo de definir acciones concretas para encaminar a los países a la NO utilización de combustibles fósiles contaminantes del medio ambiente. Se propusieron temas de discusión como: acelerar la transición energética hacia economías descarbonizadas, discutir vías de financiamiento, reconversión laboral, diversificación económica y energías renovables. Involucró a gobiernos, academia, sociedad civil, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y otros actores clave, para avanzar hacia posibles instrumentos internacionales, como un Tratado sobre Combustibles Fósiles.


Como sabemos, el Presidente Gustavo Petro ha sido consistente y persistente en la política de descarbonización de la energía en nuestro país, y ha sido un defensor acérrimo de la “Agenda verde” que se refiere a iniciativas políticas y estrategias orientadas a promover la protección ambiental y la transición hacia una economía baja en emisiones de carbono y en general a lo que se ha llamado: desarrollo sostenible.


Este concepto tan usado en la actualidad fue definido en el informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CMMAD o Comisión Brundtland), creada en 1983 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, y sus ideas centrales son:


  1. Que los problemas ambientales y de desarrollo económico de los países están interconectados.

  2. Que la degradación ambiental se debe principalmente a patrones insostenibles de producción y consumo de los países.

  3. Propone tres pilares del desarrollo sostenible: ambiental, económico y social.

  4. Recomienda cambios estructurales: reducción de la pobreza, equidad intergeneracional e internacional, mayor eficiencia en el uso de recursos, transición energética y protección de ecosistemas.

  5. Enfatiza la necesidad de cooperación internacional y multilateralismo para una solución verdadera.

Se resume en la icónica frase: "satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas"


Sin embargo, hay dos hechos que se deben considerar cuando se habla de la aplicación de estos conceptos a la realidad colombiana:


  1. INFLUENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS.

El primero es de orden internacional, como ya mencionamos en otro artículo publicado en esta revista (Trump – Petro y el calentamiento global. Edición # 8), y se refiere a que el actual presidente de los Estados Unidos es negacionista del cambio climático y defensor a ultranza del uso de los combustibles fósiles.


Y es que Los Estados Unidos son el mayor productor de petróleo del mundo, gracias a que en hace más de 15 años inició la explotación con base en la fracturación hidráulica o Fracking, aún sobre las advertencias científicas de los posibles daños ambientales.


Sin embargo, el petróleo de esquisto, producto de ese tipo de extracción, tiene un período corto de explotación por lo que, a largo plazo, el poder económico producto de la venta de petróleo y sus derivados, según Trump, debe basarse en el apoderamiento de las reservas petroleras de otros países. Ya hemos visto como en su afán de acaparar el dominio del petróleo en el mundo, Estados Unidos incursionó y doblegó a la fuerza al gobierno de Venezuela y como si fuera poco se embarcó, asociado con Israel, en una guerra contra Irán, con la ilusión de apoderarse de sus riquezas minero-energéticas, suponiendo que sería tan fácil como lo fue con nuestro país vecino. Al momento de escribir estas líneas, Estados Unidos se encuentra empantanado tratando de controlar el tráfico naviero por el estrecho de Ormuz y buscando desesperadamente una salida “digna” de un conflicto absurdo que ha dejado cientos de muertes civiles, daños muy graves en infraestructura civil y militar de varios países de esa región y de los tres países directamente involucrados y sobre todo, una expectativa muy pesimista sobre los efectos económicos futuros de la descomposición de las cadenas de suministro mundiales, producto del cierre de uno de los puntos más importantes del comercio naval global, como es el estrecho de Ormuz.

Por otro lado, hemos dicho en esta revista (El destino manifiesto. Edición # 21), que Colombia está dentro de la periferia preferente de la política de seguridad nacional de los Estados Unidos. El secretario de guerra señor Pete Hegseth dijo durante la “Americas Counter Cartel Conference” (Conferencia de las Américas contra los Cárteles), realizada el 5 de marzo de 2026 (a la cual increíblemente no invitó a los presidentes de México, Brasil y Colombia), que defenderán especialmente las fronteras de lo que considera LA GRAN NORTEAMERICA que incluye territorios hasta Ecuador como parte del perímetro de seguridad, y dice:


Porque cada nación y territorio soberano al norte de la línea ecuatorial, desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana, no forma parte del ‘Sur Global’. Es nuestro perímetro inmediato de seguridad en este gran vecindario en el que todos vivimos.”


Es decir, Colombia no tiene derecho según él a pertenecer al sur global, sino al patio trasero de los Estados Unidos.


No es descabellado pensar entonces, que el gobierno de ese país emprenda una escalada intervencionista en Colombia, que busque “incentivarnos” a renunciar a la Agenda Verde y centraros en el consumo de combustibles fósiles en el futuro. Cuidado, es posible que el proceso electoral en el que estamos pueda ser considerado por las autoridades norteamericanas como de interés para su “seguridad nacional”, y se arme un tinglado para favorecer a algún candidato presidencial afín a sus intereses.


  1. RECURSOS ENERGÉTICOS DE COLOMBIA

En segundo lugar, hay que sopesar la conveniencia y la velocidad de la transición energética limpia en Colombia, dadas las perspectivas que se han abierto en los últimos meses, con el hallazgo de yacimientos gasíferos muy importantes en el departamento del Magdalena. Según información de Ecopetrol y Petrobras, en el año 2022 se anunció el descubrimiento del pozo Sirius 1 en aguas profundas, a 77 kilómetros de las costas de Santa Marta – Magdalena, en el 2024 se anunció el descubrimiento de otro pozo cercano llamado Sirius 2 y el pasado mes de marzo de 2026 se anunció un nuevo pozo llamado Copoazú 1, también cercano a los anteriores.


Los pozos Sirius 1 y 2 tienen programado el inicio de su etapa productiva para 2030, y se proyecta un potencial de producción de hasta 400 millones de pies cúbicos de gas por día, lo cual equivale aproximadamente a la mitad de la producción nacional actual. Este par de descubrimientos (Sirius + Copoazú y posibles futuros) fortalecen la idea de una nueva área gasífera muy importante en el Caribe colombiano frente a Santa Marta y La Guajira, que podrían ayudar a reducir la dependencia de importaciones de gas y a cubrir la demanda nacional a partir del 2030.


Es decir que, en los próximos cuatro años, Colombia puede convertirse en una potencia gasífera que brindaría una nueva era de bonanza económica, siempre y cuando la explotación por parte de Ecopetrol y Petrobras se maneje con tino y eficiencia.


CONCLUSIÓN

Recordemos que el gas natural se considera como un combustible mucho menos contaminante que el petróleo y el carbón, y puede usarse como un escalón útil mientras disminuye la utilización de la energía contaminante. Es decir que, si se quieren respetar los objetivos de la “Agenda Verde”, se puede usar el gas natural como un paso intermedio que ayude a la transición a una velocidad adecuada, para que se vaya dando la descarbonización mientras se implementan otras alternativas de energía.

Así pues, el próximo presidente de Colombia tiene en sus manos la delicada tarea de “manejar” la política energética del país, dentro de un ambiente norteamericano presionando en favor del uso intensivo de los combustibles fósiles y, además, consolidar la fortaleza del país en materia de recursos gasíferos. El papel de Ecopetrol será de vital importancia para llevar al país al año 2030, con una situación económica favorable y sólida que permita adelantar programas reales de progreso colectivo y podamos mostrar al mundo un mejor cumplimiento de los objetivos del desarrollo sostenible.


Ojalá los candidatos a la presidencia sean claros en sus programas y posiciones respecto del manejo energético del país, para abundar en razones que nos lleven a tomar una decisión inteligente en las próximas votaciones.


 *Economista, especialista en Economía Internacional.

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