Reseña Literaria: Indias Blancas
- Bertilda Libertad y sus contertulios.
- hace 6 días
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Florencia Bonelli (2005)
Plaza & Janés Editorial (Argentina)

Más que una simple novela romántica, Indias Blancas nos adentra en el entramado cultural tejido con miles de aristas durante los primeros años de la construcción de la República Argentina, conseguida en junio de 1816.
El mundo patriarcal fue trasladado desde Europa a América por los propios conquistadores, quienes traían arraigadas estas costumbres y prejuicios, atados a sus jubones y armaduras de acero, tan rígidas como las estructuras sociales que impusieron. Tales concepciones fueron heredadas por la sociedad criolla y asumidas como naturales para las mujeres.
Sin embargo, como en todas las épocas y desde tiempos inmemoriales, las mujeres alzan sus voces para ser escuchadas. Con frecuencia, esas voces son silenciadas bajo el concepto varonil de la “excentricidad” o del supuesto “desvío de lo femenino”.
Sorprende que esta novela sea catalogada sencillamente como romántica, etiquetada en un lugar que no le corresponde.
Esta gran narrativa intimista, escrita en clave femenina, permite adentrarse en el alma de las mujeres que viven y sufren la marginalidad y la subalternidad patriarcal, convirtiendo la obra en una auténtica caja de resonancia emocional y cultural de una época. Pero la novela no se queda allí. Bonelli destaca, con profundo conocimiento, el devenir histórico de las mujeres, sus revelaciones y sus rebeliones contra el sistema de costumbres impuesto, razones por las cuales eran consideradas desviadas de las coordenadas culturales y religiosas imperantes.
Las sociedades criollas consideraban que la instrucción femenina debía ser restringida, con el banal propósito de evitar excentricidades y preservar la supuesta “naturaleza y simplicidad femeninas”. Por tanto, se impedía, o al menos no se contemplaba, la posibilidad de que una mujer acudiera a la universidad a estudiar una carrera; de hecho, este era un derecho eminentemente masculino.
La marginalidad en que se desenvolvía el mundo femenino encuentra aquí su propia radiografía. Por un lado, el matrimonio era concebido como la única función natural de las mujeres, unido a la necesidad de preservar apellidos, abolengos y fortunas mediante herederos varones.
Paradójicamente, según las costumbres sociales de la época, cuando una mujer quedaba embarazada adquiría un “halo pecaminoso” que le impedía mostrarse en público, pues “su estado no era considerado decoroso”. Para el alumbramiento también existían conceptos profundamente erróneos: la mayoría de médicos aseveraban que esta labor correspondía exclusivamente a las comadronas y que el “parto pertenecía al ámbito privado de las mujeres y del hogar”. De esta manera, se les negaba con frecuencia la asistencia médica y los procedimientos terapéuticos necesarios antes, durante y después del nacimiento.
Otra infamia que desvela el libro es el concepto de la “utilidad de las mujeres”, expresado por militares de distintos rangos y también por algunos hombres, para quienes las mujeres servían únicamente para proporcionar placer en la cama.
Sin proponérselo, Bonelli se instala también en el género histórico. En sus páginas revela el devenir de acontecimientos políticos, económicos y sociales de la Argentina naciente. Sin embargo, una lectura más detenida permite descubrir que no se trata únicamente de un territorio local, sino del universo latinoamericano en su conjunto, atravesado por identidades similares, por el mismo patriarcalismo arraigado, por idénticos prejuicios culturales y por las mismas persecuciones contra los pueblos indígenas para beneficio de los nuevos dueños de tierras recién independizadas de España.
La novela aborda asimismo las masacres indígenas ocurridas en distintas regiones del continente y muestra, con delicada sutileza, la influencia de la Iglesia Católica, como sucedió en buena parte de América Latina. Influencia que tuvo aspectos positivos en materia de educación y evangelización, aunque también condicionó profundamente la vida de los pueblos originarios, convirtiéndose en muchos casos en una de las pocas formas de supervivencia disponibles para estas comunidades.
Florencia Bonelli enmarca, además, sin excesivas complejidades, el ascenso social de determinadas familias gracias a los grados militares heredados de los antepasados independentistas y al comercio con Europa. Describe sin prejuicios las costumbres afrancesadas, los lujos y la doble moral de una élite que exhibía refinamiento y buenos modales mientras ocultaba conductas capaces de arruinar la vida de muchas mujeres que, por distintas circunstancias, terminaban en manos de los indígenas.
Por otro lado, cualquier actividad considerada fuera de lo común para una mujer —escribir, aprender alguna ciencia o incluso negarse a contraer matrimonio con el hombre escogido por sus padres— era objeto de reproche en una sociedad donde las únicas virtudes femeninas aceptadas eran el honor, la belleza y la desenvoltura social.
Indias Blancas es, en definitiva, mucho más que una historia de amor. Es una novela que ilumina las estructuras sociales, culturales y políticas de una época, al tiempo que rescata las voces de aquellas mujeres que, aun enfrentando enormes restricciones, encontraron formas de resistir, cuestionar y transformar el mundo que les fue impuesto.

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