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La “Regeneración”, ingrata evocación histórica

  • Foto del escritor: Alvaro Echeverri Uruburu
    Alvaro Echeverri Uruburu
  • hace 23 horas
  • 3 min de lectura

Editorial



Nadie parece haberse detenido a analizar las implicaciones posibles de la evocación efectuada por Abelardo de la Espriella en su discurso de posesión presidencial, con respecto al periodo de nuestra historia conocido como “La Regeneración”. El término fue acuñado por Rafael Núñez a propósito de su intervención como presidente del Congreso de la República, al dar posesión como presidente de la nación al general Julián Trujillo en 1878, para destacar que con el gobierno de este, se iniciaba un nuevo periodo de renovador por oposición al supuesto caos en el que para ese momento vivía el país. Aquella intervención concluía con la sentencia contundente de “regeneración o catástrofe”.


El término Regeneración, terminaría aplicándose a todo el periodo de reformas que entre 1886 y 1900, desmontaron el antiguo orden liberal ,secular y libertario, por uno teocrático y autoritario que se plasmaría jurídicamente en la centenaria Constitución de 1886.


El recuerdo de este periodo, lejos de despertar esperanzas de un orden nuevo y mejor al que venía rigiendo , trae a la memoria colectiva los desafueros dictatoriales de los presidentes de la época, Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, que amparados en los artículos transitorios de la Constitución del 86, que conferían al presidente facultades para establecer la censura y sancionar los “delitos de prensa”, se emplearon sin límite, incluso contra medios impresos afectos al régimen de la “Regeneración”. En virtud de las atribuciones de la liberticida “ Ley de los caballos” de 1888, fueron desterrados muchos opositores al régimen, entre otros los expresidentes liberales Aquileo Parra y Santiago Pérez ,lo mismo que el reconocido novelista, José María Vargas . La abolida pena de muerte, que enaltecía al país en palabras del gran poeta francés Víctor Hugo, fue ominosamente restablecida.


La referencia hecha por De la Espriella a este oscuro periodo, no parece algo ingenuo y de mera consigna retórica, si se tiene en cuenta como la Religión - cuyo poder, privilegios y control sobre la educación fueron la obra principal de la Regeneración- ha comenzado a emplearse abusivamente en contra del carácter laico del Estado colombiano, desde el acto de posición presidencial hasta el nombramiento reciente de un religioso como representante del presidente en varias universidades públicas, pasando por las “actuaciones” de exhibicionismo religioso de De la Espriella en varios eventos públicos, incluida la fallida convocatoria a orar en la plaza de Bolívar.


El control religioso de la educación, que sin duda hace parte de lo que De la Espriella ha llamado “la batalla cultural” -término que no es suyo sino del manual de la extrema derecha global-, parece haber comenzado cuando se habla de censurar autores malditos como Marx para reintroducir dizque a Dios en las aulas, según manifestaciones de la nueva ministra de Educación, Vivian Morales. Para ello, se pretende entregar en concesión algunos establecimientos educativos a iglesias evangélicas, a una de las cuales pertenece la ministra.


Esas corrientes religiosas defienden el supuesto derecho del pueblo judío otorgado por Dios (Jehová o Jhave) de poseer la totalidad del territorio que había venido perteneciendo sin interrupción a sus habitantes árabes – palestinos. Concordante con esta creencia mítica de lo que se ha llamado “El sionismo cristiano”, el nuevo gobierno ha restablecido relaciones con el genocida Estado de Israel; se ha propuesto el traslado de la embajada de nuestro país a Jerusalén, que de acuerdo con las normas de Partición de 1948 de las Naciones Unidas no podría ser la capital de ninguno de los dos posibles Estados, Israel y Palestina. Finalmente, en un acto insólito e insular, el presidente De la Espriella ha reconocido la soberanía del Estado de Israel sobre los altos del Golán, pertenecientes al Estado Sirio y ocupados ilegalmente de conformidad con la Resolución 497 de diciembre de 1981, emanada del Consejo de Seguridad de las mismas Naciones Unidas. Con estas dos decisiones de política exterior, Colombia infortunadamente rompe con una larga y prestigiosa tradición de respeto y acatamiento al Derecho Internacional que la había caracterizado dentro de la comunidad internacional.

 

Bajo el signo de la supuesta segunda “Regeneración”, las primeras actuaciones del nuevo gobierno y de otras que alargarían estas notas, no parecen promisorias y amenazan más bien con retrotraernos a la nefasta primera “Regeneración”. Carlos Marx, ese influyente pensador de la modernidad capitalista, a quien se busca desterrar, sostuvo siguiendo a Hegel que la historia se repite “unas veces como tragedia y otras como comedia”. Ojalá que esta segunda “Regeneración” se cumpla bajo las condiciones de la segunda alternativa siguiendo los lineamientos faranduleros que conocimos durante la campaña presidencial del Señor De la Espriella.


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