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La locura de los sabios 4a Parte

Gonzalo Echeverri Uruburu
24 oct
7 min de lectura

Una Cosmogonía extraña 


Hay que decirlo de nuevo: no siempre, ni siquiera la mayoría de las veces, el sentido común es el mejor criterio para aceptar una teoría científica. De hecho, lo  contrario parece más acorde con todos los grandes  avances  de la ciencia;  es decir que esta, para  avanzar, tiene que negar  muchas veces lo que nos parece  al principio obvio  y  razonable  como lo demuestra  con  total  claridad  la teoría  geocéntrica: durante  siglos  y de acuerdo con el  sistema de Ptolomeo, se aceptó  sin discusión lo más  evidente: que el Sol gira  en torno de la Tierra  pues  así lo vemos todos  los días  cuando se mueve  visiblemente en el cielo  de Oriente  a  Occidente. Pero Copérnico planteó precisamente lo contrario:  es la Tierra la que gira en torno del Sol. Esta concepción que, como sabemos, no fue del agrado de los teólogos de la época podía ser un gran peligro para quien la sostuviera haciéndose merecedor de las persecuciones de la Santa Inquisición, como le ocurrió luego a Galileo. Bien se ha dicho que Copérnico obró como todo un terrorista suicida: soltó su bomba antes de morir, pues falleció precisamente el mismo en día en que recibió el primer ejemplar de su libro heterodoxo De las revoluciones de las esferas celestes recién salido de la imprenta el   24 de mayo de 1543. Más tarde esta gran obra mereció el honor de ser incluida en el índice de libros prohibidos por la Iglesia, el mejor estímulo para estudiarlo.

    

        Claro que cualquier teoría o argumentación debe someterse al examen riguroso de los científicos, pues no basta que la sostenga alguien destacado como lo demuestra el caso de Sir William Herschel, un eminente astrónomo que en el siglo XVIII, sostenía que podía haber   criaturas de apariencia humana habitando el Sol. Según él, estarían protegidos por una capa interior de nubes aislantes; tales seres deben estar bastante chamuscados al soportar temperaturas de 5.500 grados centígrados, como sabemos hoy. Esta, como muchas otras ideas extravagantes de muchos científicos, no son ciencia porque no hay forma de demostrar su falsedad y por ello no pasan de ser simples especulaciones con frecuencia alocadas.

 

        Pero la distinción entre un planteamiento genuinamente científico y una especulación  arbitraria, no siempre es fácil y a veces, lo que en principio parece inaceptable, es luego demostrado. El propio Einstein había escrito un artículo en 1939 para demostrar que los agujeros negros no pueden existir; pero hoy   su realidad es plenamente aceptada. Por ello se ha dicho que en la ciencia debe aplazarse el uso de la palabra “imposible” y   que “sólo debemos esperar lo inesperado”.

 

        Actualmente se acepta una teoría que al principio pareció bien extraña: que hace unos 13.700 millones de años- según los cálculos más actuales - la parte del universo que podemos observar tenía tan solo una dimensión insignificante y que de un momento a otro y sin saberse porqué se produjo su expansión a gran velocidad, idea que algunos como Fred Hoyle no aceptaron-el propio Einstein la llamó “abominable”- y más bien trataron de ridiculizarla con el peyorativo nombre de Big Bang, la Gran Explosión. Actualmente cosmólogos como Hawking plantean que dicho acontecimiento fue un suceso cuántico y si retrocedemos lo suficiente el universo entero tenía un tamaño de unas mil millonésimas de billonésima de billonésima de centímetro. Las fluctuaciones cuánticas conducen a la creación de universos diminutos” a partir de la nada”; unos pocos de ellos alcanzan un tamaño crítico, tras lo cual se expanden de manera inflacionaria, formando galaxias, estrellas y seres como nosotros.

 

       Pero hay algo que ahora sorprende sobremanera a los científicos, algo que arriesga introducir de nuevo por la puerta falsa la inquietante concepción metafísica de un Ser Superior, idea que parecía definitivamente desterrada de la ciencia a pesar de que Newton la sostenía firmemente para explicar fenómenos que de otra manera parecen incomprensibles desbordando los límites y naturaleza del conocimiento científico. El propio Hawking, preocupado, lo dice: “si no fuera por una serie de intrigantes coincidencias en los detalles precisos de las leyes físicas, no podría haber llegado a existir la vida tal como la conocemos. Parece que nuestro universo y sus leyes han sido diseñados con exquisita precisión para permitir nuestra existencia. Eso no  es explicable fácilmente y suscita la pregunta natural de  por qué las cosas son así “En  efecto, si el Big Bang hubiera  sido por ejemplo una mil millonésima parte más  potente, se habría precipitado  a demasiada velocidad haciendo  imposible  el surgimiento de las  galaxias ; y si la fuerza nuclear decreciera solo un 2%, el  núcleo atómico no se sostendría  unido y el  hidrógeno  sería  el único átomo del universo; si la fuerza  gravitatoria disminuyera  sólo un ápice, las  estrellas, el Sol  incluido, no tendrían  combustión; y si la carga del electrón, la masa del protón o la velocidad de la luz variaran tan solo una  diezmilésima, la vida  , tal como la conocemos, sería imposible y  así hay más  de  doscientos parámetros físicos tan exactos que  es  muy difícil  decir  que son  simple  casualidad; como lo dice  el  físico Paul Davies “parece difícil escapar a la conclusión de que el  estado actual del  Universo ha sido seleccionado de algún modo entre el enorme número de estados posibles, los cuales, excepto en una pequeña fracción infinitesimal, están  totalmente desordenados….. Si el Universo no es más que un accidente, la posibilidad de que contenga cualquier orden apreciable es ridículamente pequeña…”. Por ello, para escapar a la temible metafísica los científicos de orientación materialista no tienen más remedio que plantear, en primer lugar, que el Universo surgió de la nada. Hawking lo expresa así: “Cuerpos como las estrellas o los agujeros negros no pueden aparecer de la nada, pero todo un universo si puede” Según dice Leonard Mlodinow “muchos físicos creen que las fluctuaciones del vacío, uno de los resultados mejor comprobados de toda la ciencia medidas con precisión de diez decimales, llevan a una predicción sorprendente: “el Universo pudo haberse generado espontáneamente de la nada…” Así como suena: ¡de la nada!, es decir, magia, pero sin mago, idea que hubiera hecho estremecer de horror al gran Parménides, padre de la metafísica occidental para quien lo más absurdo es decir que de la nada pueda surgir algo. Seguramente hoy les diría a quienes sostienen esta idea lo mismo que escribió, airado, hace 2.450 años: “…. Legión de dementes, que son de acá para allá llevados. Para ellos la misma cosa y no la misma cosa parecen el ser y el no-ser …” Pero los físicos, alucinados con sus teorías, a la tradicional pregunta ¿por qué hay algo en vez de nada?, tranquilamente responden “porque la nada es inestable”, respuesta que solo satisface a algunos físicos, pues al propio Wheeler no le gustaba la idea de la autocreación del Universo. Hay aquí un uso equívoco y completamente indebido de los conceptos. Lo que algunos físicos llaman tan despreocupadamente “la nada”, realmente es algo, seguramente enigmático y de potencialidad inimaginable, llámesele campo cuántico o vacío, pero es algo, no nada. Como lo dijo el filósofo chino Chang Tsai “cuando se sabe que el gran vacío está lleno de chi(energía sutilísima) se da uno cuenta de que no existe tal cosa como la nada”.

 

       Cabe preguntarse en seguimiento de los más estrictos principios de la ciencia ¿qué experimentos confirman o invalidan semejante idea? ¿Es más, puede seguir llamándose ciencia a especulaciones que no pueden ni comprobarse ni refutarse? ¿Como dice el gran biólogo Robert Lanza “Quien en su sano juicio aceptaría algo así?”

      

        Ahora bien ¿cómo explicar la increíble y larguísima serie de casualidades sin las cuales no podría haber surgido la vida? Hoyle había dicho que es tan probable que el origen de la vida pueda darse espontáneamente por interacción molecular en el océano primitivo como que un torbellino de viento produjese espontáneamente un Boeing 747 a partir de un depósito de chatarra, argumento que Carl Sagan no puede refutar satisfactoriamente limitándose a sugerir que de pronto una larga evolución podría explicarlo. O Tal vez, como lo plantea Hawking, aceptando que hay millones de millones de millones de universos en alguno de los cuales se dieron precisamente y, solo por casualidad, tales condiciones extremadamente improbables. Somos, por tanto, el resultado   de infinidad de increíbles casualidades. Pero esta teoría, llamada del multiverso, no es más que una especulación; no hay forma de invalidarla y por ello no es una idea científica, aunque haya científicos que, desesperados, adhieran a ella como tabla de salvación ante las arremetidas de la metafísica y su inteligente divinidad creadora.

 

      En realidad, no sabemos de qué está hecho el Universo, pues el 96% está compuesto de materia y energías oscuras y no tenemos idea de lo que estas son. Según Hawking “el Universo tiene todas las historias posibles, cada una con su propia probabilidad”. Pero existen  además  otras  posibilidades pues  como lo ha planteado  Roger Penrose, aunque  generalmente  se  considera  sin  sentido preguntar qué pasó  antes del Big Bang, pues  con él   se originó también el tiempo y por tanto no pudo haber ningún antes, esto no prueba que no puedan  existir ciclos alternados de  expansión  y contracción;  el Big Bang  puede  ser uno de tantos ciclos temporales que interminablemente se repiten en la  eternidad .Lo cierto  es  que el enigma  del  universo  está  muy lejos  de  ser  dilucidado y por ello podemos decir  con los Vedas, las  antiguas  escrituras de la India :

 

No existía algo, ni existía nada; El resplandeciente cielo no existía;

Ni la inmensa bóveda celeste se extendía en lo alto…

¿Qué cubría todo? ¿que lo cobijaba? ¿Qué lo ocultaba?

¿Era el abismo insondable de las aguas?

No existía la muerte, pero nada había inmortal,

No existían límites entre el día y la noche.

Sólo   el Uno respiraba inanimado y por  sí,

Pues ningún otro que él jamás ha habido.

Reinaban las tinieblas, y todo al principio estaba velado

  Oscuridad profunda; un océano sin luz;

El germen hasta entonces oculto en la envoltura

Hace brotar una naturaleza del férvido calor…

………………..

¿Quién conoce el secreto’? ¿Quién lo ha revelado?

¿De dónde, de donde ha surgido esta multiforme creación?

Los Dioses mismos vinieron más tarde a la existencia.

¿Quién sabe de dónde vino esta gran creación?

Aquello de donde toda esta creación inmensa ha procedido,

………………….

El más elevando Vidente, en los más altos cielos, lo conoce,

O quizá tampoco ni aun Él lo sepa…

 

Tú eras. Y cuando la llama subterránea

Rompa su prisión y devore la forma,

Todavía serás Tú, como eras antes,

Sin sufrir cambio alguno, cuando el tiempo no exista.

¡Oh mente infinita, divina Eternidad!


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