La Locura de los sabios 3a Parte
Aquí hay gato encerrado

Durante unas vacaciones y en medio de una excitante aventura amorosa el físico austríaco Erwin Schrödinger se inspiró tanto que formuló su famosa ecuación que describe la manera como evoluciona el estado cuántico de una partícula y que es una de las bases de la teoría cuántica, y uno de los logros más grandes de la ciencia, tanto que según su autor fue” lo primero que creó Dios ,que “luego tomó como modelo y fue creando las cosas de acuerdo con ella”. El sabio siempre estuvo convencido de que la idea de los cuantos sería eliminada de la física y que se restablecerá el determinismo; por ello la interpretación probabilista de la misma no fue de su agrado. Schrödinger insistía en que los electrones eran verdaderamente ondas clásicas, ondas de materia que podían visualizarse muy bien. Por ello le escribió exultante a Einstein cuando se enteró de sus argumentos en contra de la interpretación de Bohr: “has agarrado a la mecánica cuántica por el cuello”. Pero, hay que decirlo, varios experimentos parecen dar la razón al patriarca danés.
Schrödinger había planteado un “experimento mental” que ha sido famoso: imaginemos un gato encerrado en una caja que puede morir si una partícula radioactiva aleatoriamente libera un gas venenoso. Antes de abrir la caja para observar el gato, este será descrito como la combinación de un gato muerto y un gato vivo, cosa que a pesar de ser ilógica puede sustentarse según la física cuántica o al menos de muchos de sus intérpretes, aunque para otros se trata de un estado “inimaginablemente extraño” y el gato no está vivo ni muerto. De acuerdo con la ecuación de onda de Schrödinger, el universo continúa generando una infinita profusión de posibilidades, pero el efecto de la percepción es inmediato ya que todos los componentes de la función de onda desaparecen, menos uno, que es el que se convierte en realidad, aunque nadie sabe por qué. Lo que existe antes queda relegado a la especulación metafísica en un estado surrealista. Sin embargo, estas interpretaciones son tan extravagantes que el propio Schrödinger dijo que “lamentaba haber tenido algo que ver en esto”, pues solo se proponía mostrar lo absurdo que era extender literalmente las superposiciones cuánticas al mundo macroscópico. Todo esto hace pensar en que es natural que Bruce H. Lipton sin titubear diga que: El universo cuántico es una locura. Ya lo había dicho el propio Einstein hablando de la teoría cuántica que le recordaba “el esquema de ilusiones de un paranoico excesivamente inteligente inventado a partir de elementos incoherentes del pensamiento”; había dicho además que “si una idea no parece absurda de entrada, pocas esperanzas hay para ella”. Y desde su despacho en Praga el creador de la relatividad podía ver a los enfermos mentales de un manicomio vecino, unos ensimismados, otros discutiendo acaloradamente ante lo cual comentó que allí se encontraban los locos que no se ocupaban de la física cuántica.
Por su parte, Heisenberg decía que estas ideas le daban la impresión de que “la tierra vacilara a sus pies” y después de agotadoras discusiones con Bohr, quien no lo dejaba hablar con sus incesantes divagaciones en voz baja, se preguntaba: “Puede la naturaleza ser tan absurda como se nos aparece en estos experimentos?”.
Pero hay otra interpretación más delirante si se puede, y que produce verdadero vértigo: la formulada por Hugh Everett III, según la cual el universo se está dividiendo en cada momento en una infinidad de mundos que contienen todas las posibilidades… ahora mismo hay otros innumerables universos en los que yo mismo me encuentro en distintas situaciones y por tanto no hay superposición ni contradicciones como las de la interpretación de Copenhague sustentada por Bohr y sus seguidores. Todas las posibilidades son reales y todas ocurren, no hay colapso de la función de onda. Todo lo posible existe ahora mismo en incontables universos paralelos según esta alucinante idea que, por fantástica que parezca, es considerada seriamente por grandes científicos como Hawking. Por tanto, el gato de Schrödinger estará vivo en un mundo y muerto en otro y habrá algún universo en el que existan elefantes inteligentes de color rosado que comprendan las ecuaciones de Dirac sin dormirse. Por algo De Witt dijo de esta teoría que era “esquizofrenia con ganas”. Y aunque Everett dispuso que después de su muerte arrojaran su cadáver a la basura, no pasó lo mismo con sus increíbles ideas.
Se evapora la materia
Hacia 1937 la materia se había “evaporado “en los laboratorios de los físicos. Los ladrillos del mundo, es decir, los constituyentes elementales de la materia (electrones, protones, neutrones) se comportan, como lo hemos dicho, como ondas inmateriales y por ello Heisenberg decía insistentemente que “los átomos no son cosas” ... Por su parte, Bachelard, importante filósofo de la ciencia censura duramente “el cosismo” al tiempo que sintetiza estas ideas con una metáfora atrevida: la substancia es la sombra de un número. El físico Hans Peter Dürr lo dice en forma paradójica: “La materia no está compuesta de materia…. No hay materia, así que he trabajado cincuenta años en algo que no existe. Esta fue una experiencia asombrosa: ¡aprender que aquello de cuya realidad todos están convencidos, no existe!”
Lord Russell, tan alérgico a toda especulación metafísica debe acudir a un lenguaje esotérico al tratar de explicar lo que es la materia: “El hombre corriente piensa que la materia es sólida, pero el físico, que es una onda de probabilidad ondulando en la nada. Para decirlo brevemente, la materia en un lugar determinado se define como la probabilidad de ver allí un fantasma”. No había mejor forma de expresar su perplejidad. Y para la relatividad la materia ya no se concibe como algo sólido y tangible como la perciben nuestros sentidos, sino como una inaudita concentración de energía según la única fórmula que ha cautivado al público: la einsteiniana E = mc2, comprobada una y otra vez en centenares de experimentos. Los átomos no son pequeñísimas esferas, sino simplemente, para la concepción de Einstein, “curvaturas del espacio”, idea que a un genio como Tesla le parecía absurda pues no hay nada que pueda curvarse”.
Fantasmagorías de los físicos
Y hablando de fantasmas, los sabios se orientan cada vez más resueltamente hacia alguna forma de panpsiquismo. Ya desde principios del siglo XX, Lenin, desde la perspectiva filosófica, advirtió con claridad el peligro que las nuevas concepciones de la física representaban para su tan querido materialismo decimonónico. Su preocupación se palpa en un libro documentado y profundo: Materialismo y empiriocriticismo. Allí planteó este dilema premonitorio: “o el materialismo o la sustitución universal de lo psíquico, colocándolo como base de toda la naturaleza física”. Y los sabios han escogido lo último, pues como lo dijo Sir James Jeans en frase célebre: El mundo ya no se parece a una gran maquinaria sino a un gran pensamiento.
Según el físico Bernard d’Espagnet “La doctrina de que el mundo está formado por objetos cuya existencia es independiente de la conciencia humana, se halla en conflicto con la física cuántica y con hechos bien establecidos experimentalmente”. Casi lo mismo que sostenía el ultraidealista filósofo George Berkeley para el cual “ser es ser percibido” (esse est percipi). La nueva física sugiere que la conciencia misma se mete en las entrañas del mundo físico al que de esta manera parece afectar. Tanto la materia como el espacio se originan en la conciencia. Extrañamente un físico tan conservador como Planck-que dudó mucho tiempo de su propia teoría de los cuantos - lo declaró expresamente: “Considero que la conciencia es fundamental. Considero que la materia es un derivado de la conciencia…Todo lo que hablamos, todo lo que pensamos que existe, postula la conciencia…”
Por el hecho de observar la lectura de un instrumento, se produce algo misterioso, increíble: el observador humano afecta la función de onda, un cambio que llega instantáneamente a todo el universo; no se puede afirmar realmente que algo ha ocurrido hasta que sea observado por un ser humano según una interpretación muy difundida y aceptada por físicos destacados. Nuestras mentes tienen el poder de crear nuestra realidad según esta fantástica idea; como por arte de magia, ni más ni menos. Por ello, viene al caso lo que Jorge Luis Borges escribió con lúcidas palabras: “Admitamos lo que todos los idealistas admiten: el carácter alucinatorio del mundo. El mayor hechicero- escribe memorablemente Novalis- sería el que hechizará hasta el punto de tomar sus propias fantasmagorías por apariciones autónomas ¿no será este nuestro caso?” Michio Kaku expresa sobre estas ideas que “posiblemente la idea más extraña de toda la ciencia es el concepto de la física cuántica, según el cual la conciencia podría ser la base fundamental de toda la realidad”.
Este es el aspecto más notable: los campos de probabilidad no materiales del mundo cuántico se asimilan mucho más a la naturaleza de nuestros pensamientos que a la de las cosas materiales que perciben nuestros sentidos, y todo el orden visible depende de las reglas de su interferencia. Este es el cambio más revolucionario que ha sufrido el pensamiento humano: después de siglos de una visión puramente mecanicista y materialista del mundo, de pronto surge un estallido de concepciones que proclaman la primacía de lo mental y que se apoyan en las más avanzadas teorías de la ciencia. El ya citado H.P Dürr, después de mucho reflexionar, llegó a la conclusión de que “el fundamento de nuestra realidad, no es la materia sino algo espiritual que no es comprensible en absoluto” y aunque se declara ateo a la manera de los budistas, agrega algo que a los físicos ortodoxos les pondría los pelos de punta: “es posible identificar el vínculo primigenio, la potencialidad de la física cuántica con lo que nuestras religiones denominan espíritu o amor…”. Dürr dice haberse inspirado en un estado de profunda intuición y sensibilidad durante sus “diálogos amorosos” con Heisenberg.
En este orden de ideas, un físico destacado como Sir Arthur Eddington de quien se decía que era uno de los pocos científicos que había entendido la teoría de la relatividad - explícitamente había declarado que: “La naturaleza del universo es la de un pensamiento o sensación en una Mente Universal…la sustancia del mundo es sustancia mental… la idea de una Mente Universal o Logos, sería, creo yo, una inferencia plausible del estado actual de la teoría científica”. Y Jeans por su parte escribió: “La Mente ya no aparece como una intrusa en el dominio de la materia; estamos comenzando a sospechar que más bien deberíamos celebrarla como la creadora y gobernadora del dominio de la materia…”
Dirac habló sin inmutarse del “libre albedrío de los electrones”; Eddington como se ha dicho acuñó la expresión “materia mental” para explicar que el substrato de todas las cosas, incluso las de apariencia más material, es de naturaleza psíquica. Schrödinger no se queda atrás e incursiona en la mística cuando postula la existencia de una sola mente y más recientemente un académico como I.J. Good salió con esta enormidad: la materia es etérea y la mente es roca sólida. Freeman Dyson, otro físico notable, tuvo la audacia de decir que “parece que la mente, manifiesta por la capacidad de hacer elecciones, es hasta cierto punto inherente a todo electrón”. Y un físico intrépido como Fred Alan Wolf puntualiza que el objetivo tanto de la ciencia como de las antiguas tradiciones es “comprender la transmutación sagrada de la mente en materia”, al tiempo que explica que actualmente tenemos una visión nueva de la realidad, “una visión en que la realidad imaginal, subjetiva o virtual de la ciencia y la realidad física, exterior u objetiva de la materia están vinculadas entre sí inseparablemente…. La información (la materia prima de lo imaginal) no sólo transforma al mundo material, sino que se convierte en él…. Teniendo en cuenta que tu conocimiento depende en último extremo de la información que aceptas como hechos reales ¡eres lo que crees!”
Y aún, físicos muy ortodoxos como Otto Robert Frisch se atreven a especular sobre la relación entre los fenómenos cuánticos y nuestra naturaleza humana, pues argumenta que los primeros evitan que “seamos como máquinas” … “es posible que causen el pensamiento extraño que, en su fugaz paso por nuestra mente, sea la semilla de un poema, de un cuadro o de una nueva teoría científica. Por lo tanto, la incertidumbre cuántica podría ser la fuente de la creatividad humana, y aun de la libertad”. Son sus sorprendentes opiniones.
Por su parte, Pauli explica su concepto muy lúcido y como corresponde a la nueva a física, bien paradójico: “mi opinión personal es que en la ciencia de la realidad futura no habrá “psíquico” ni “físico” sino de alguna manera ambos y de alguna manera ninguno.”
Es apenas natural que ante semejantes audacias de grandes sabios que a pesar de su racionalismo científico a veces parecen delirar, filósofos conservadores, escandalizados, se rasguen las vestiduras como hacían los fariseos ante una blasfemia y los acusen de ignorancia filosófica. Pero pensadores muy sagaces, aunque nada heterodoxos, como Johannes Hessen se ven obligados a reconocer que “ es posible que la materia sea voluntad o espíritu creador…si intentamos determinar la materia desmaterializada en su más íntima esencia, en su ser en sí, apenas nos queda otra salida que recurrir al ser no material para interpretar el estrato más bajo del cosmos por uno más alto.” Sin rodeos: la realidad fundamental es de naturaleza psíquica. Así lo vio también el sabio jesuita Teilhard de Chardin quien no dudó en afirmar que “esencialmente cualquier energía es de naturaleza psíquica”, una idea bien esotérica, por cierto.
Estamos pues, a un paso de establecer científicamente la unidad de todas las cosas, tal como lo sostienen los místicos de todas las tradiciones, incorporando incluso la conciencia en las ecuaciones de la física. Así, el físico. C. F. von Weizsäcker se preguntaba: “¿Podemos pensar en una totalidad que cuente con nosotros entre sus componentes como totalidad? Hemos llegado al problema de la Unidad”; y el notable biólogo Bruce H. Lipton por su parte opina que “los últimos avances científicos nos proporcionan una visión del mundo no muy distinta a las de las primeras civilizaciones en las que se creía que todos los componentes de la naturaleza estaban dotados de espíritu”. Magia, otra vez, magia.
No hay duda, el concepto de lo que es “la realidad” debe reformularse a la luz de los nuevos hallazgos de la ciencia: “La impresión es inevitable- piensa Lothar Schäfer: -la realidad cuántica ha revelado aspectos de una realidad trascendente, una clase de realidad que es diferente de la realidad común y que está fuera del alcance de la observación directa, es decir, una realidad no empírica”.

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