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La Locura de los Sabios

  • Gonzalo Echeverri Uruburu
  • hace 6 días
  • 5 min de lectura

PRESENTACIÓN

Los hallazgos y concepciones de la física moderna son realmente desconcertantes: partículas que aparecen y desaparecen sin causa, que están en varias partes y en formas diferentes a un mismo tiempo, que retroceden al pasado; acontecimientos que son simultáneos para un observador, pero sucesivos para otro, en fin, una variada colección de cosas absurdas que hacen vacilar al pensamiento lógico por el cual nos regimos y sin el cual, literalmente, enloqueceríamos.


Y son estas rarezas las que producen vértigo como decía Bohr pero también la fascinación de lo sorpresivo, algo que siendo tan parecido a la magia todavía puede llamarse ciencia. Concepciones en que abundan las contradicciones y las paradojas como ser onda o partícula según lo determine la observación y el experimento; constatar la extraordinaria exactitud de los cálculos pero postular que sólo aluden a probabilidades pues se ha renegado del determinismo, la doctrina según la cual todos los sucesos obedecen a causas previsibles y no al azar que la base fundamental de la ciencia clásica, al que no se titubea en llamar “ una simple superstición”.


Estas teorías se fundamentan en muchos casos en matemáticas tan abstrusas que dan a la física un aura de esotérico misterio tan sólo al alcance de unos pocos iniciados, únicos poseedores de las claves de esta ciencia cada vez más parecida a los delirios lúcidos de quien va perdiendo contacto con la realidad, ensimismado en sus pensamientos; lo dicen los propios científicos con inocultable perplejidad. Y estas excentricidades parecen alejar más la ciencia del hombre común y su cultura que tienden por ello a la desintegración.

Pero estas bizarras ideas ¿Qué tienen que ver con nuestra cotidianidad? ¿qué puede importarnos que un electrón pase de una órbita a otra sin cruzar el espacio intermedio, o que pase al tiempo por dos rendijas sin dividirse? -


Pues si tienen que ver con nuestra vida y mucho; y no sólo por los formidables desarrollos tecnológicos, sino también por su importancia filosófica. Porque a pesar de la declarada ignorancia científica de la mayoría de filósofos-incluso de los más sobresalientes como Heidegger y Sartre-las actuales ideas de la ciencia física tienen o deben tener- una influencia decisiva en nuestra concepción del mundo; para decirlo sin rodeos: no es lo mismo postular que sólo lo material es real que sostener la idea contraria: que existen también realidades inmateriales y que ellas son el fundamento de todo lo que existe ; nada menos que lo que creemos que es nuestra razón de ser en el mundo depende de manera primordial, de esta alternativa.


La física es la parte de las ciencias naturales que se ocupa de las propiedades y regularidades de la materia inanimada, según una clásica definición. Se supone, por lo tanto, que sabemos lo que es la materia, pero hoy ya esto está lejos de ser evidente porque en su empeño de escudriñarla se ha llegado a una conclusión del todo inesperada: la mayor parte de átomo es vacío y todo está conformado por partículas que no están hechas de materia alguna. Este es un proceso de “desmaterialización de la materia”, que constituye -a pesar de las protestas de muchos filósofos todavía anclados en el pasado, y de todos los obvionitas - aquellos que solo pueden creer en lo obvio- la más grande revolución intelectual de la historia.


El materialismo, no obstante, sigue vivo, muy vivo y radical especialmente en el campo de las neurociencias y su concepción de la mente y la consciencia como fenómenos materiales, “epifenómenos” según la terminología al uso. Pero esto se debe en gran parte a la compartimentación de la ciencia, a que las ciencias de la vida no consideran con suficiente detenimiento los fenómenos que revela la teoría cuántica que como se ha dicho cada vez se aleja más del sentido común, de lo obvio, que se basa en nuestras facultades ordinarias que son, como sabemos, muy limitadas. Para el materialismo el alma o el espíritu no son más que fantasías, “simples exhalaciones de aire” como dicen los positivistas. Pero si atendemos a las formulaciones de la física hay que replantear seriamente tal idea. Lúcidamente dice Koestler que “si la materia puede convertir su masa en radiación y transformarse así en energía pura e incorpórea ¿resulta absurdo todavía hablar de energía mental desencarnada?”


La ciencia no responde a la pregunta ¿qué es la materia? porque solo se ocupa de los fenómenos y no de la cosa en sí; pero su concepción de realidades inmateriales abre el camino a profundas ideas que pregonan en esencia, el carácter psíquico y dinámico y la interrelación y la unidad de todo lo que existe en notable convergencia con el pensamiento oriental, su metafísica, su mística y también con todos los esoterismos. Y contrariamente a los científicos apegados a una ortodoxia paralizante, dicha convergencia proporciona los cimientos de una concepción unitaria del mundo que postula a la consciencia como la realidad fundamental “Considero que la materia es un derivado de la conciencia. No podemos olvidar la conciencia” son palabras de Max Planck uno de los padres fundadores de la física cuántica.


Este ensayo se propone mostrar algunas de las principales ideas de la nueva física, justamente las más desafiantes y las que servirán de base a la reflexión filosófica, provisional sin duda, pero razonablemente fundada. Y son tan desafiantes que los propios científicos las han tildado de “locuras”, adjetivo que tiene sentido en la medida en que las nuevas ideas se alejan de la realidad evidente, lo que es típico de muchas formas de locura. Porque como dice Claude Tresmontan: “La locura no consiste en no razonar; algunos locos pueden razonar perfectamente, e incluso demasiado bien. Más tanto la locura como el delirio consisten en razonar sin tener en cuenta la realidad objetiva” Pero ¿cuál es la realidad objetiva?


Y no solo son interesantes los enigmas y paradojas de la ciencia sino también las historias humanas de los forjadores de esta audaz aventura intelectual. Allí están sus dudas y contradicciones, sus conflictos y desacuerdos, su desesperación y también los divertidos episodios protagonizados por tan notables personajes, con frecuencia excéntricos, raros como sus teorías.


Cabe preguntarnos ¿cómo podemos, sin el dominio del formidable aparato matemático comprender tan extrañas ideas? Einstein tiene la respuesta y lo dice con claridad; “las ideas fundamentales desempeñan un papel esencial en la formación de una teoría física. Los libros de física están llenos de fórmulas matemáticas complicadas, pero pensamientos e ideas, no fórmulas, constituyen el principio de toda teoría física”.


Tales ideas conforman la materia prima de la obra de grandes divulgadores de la ciencia como Paul Davies, León Lederman, Fritjof Capra, Timothy Ferris ,Carl Sagan, Michio Kaku o el propio Stephen Hawking en los cuales se basa este escrito. Para todos ellos es importante que los no científicos tengan una visión panorámica sobre la ciencia, sus alcances y logros esenciales, porque de lo contrario, su desconocimiento nos llevaría al borde de una nueva barbarie. Como lo dijo Hawking al final de su obra Una breve historia del tiempo: conociendo los fundamentos de la ciencia “…todos, filósofos, científicos y la gente común, podremos participar en la discusión sobre la pregunta de por qué existimos nosotros y el universo”



NOTA

Este ensayo se presentará en varias entregas dada su extensión,

Agradezco a los directivos de la revista Hojeando por su generosa acogida


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