La huella del general José María Melo en México
- Rigoberto Nuricumbo Aguilar
- 23 jul
- 4 min de lectura
Actualizado: hace 2 días

La memoria suele ser selectiva. Hay hombres cuya grandeza permanece viva en la tierra donde nacieron y otros cuyo legado encuentra mayor reconocimiento lejos de su patria. El general José María Melo pertenece a esta última estirpe. Mientras en México su nombre continúa evocándose en monumentos, investigaciones y actos conmemorativos, en Colombia aún ocupa un lugar discreto en la memoria colectiva, pese a haber sido uno de los personajes más singulares y controvertidos de la historia republicana.
Pocos colombianos saben que el único presidente de origen liberal, dentro del movimiento de la sociedad de Artesanos que ha tenido la República murió combatiendo por la libertad de México. Su vida, marcada por la Independencia, el poder, el exilio y la guerra, terminó el 1.º de junio de 1860 en las montañas de Chiapas, durante un enfrentamiento con las fuerzas conservadoras comandadas por Juan Ortega. Aquella muerte, lejos de borrar su nombre, lo incorporó para siempre a una de las páginas más significativas de la historia liberal mexicana.
Nacido en Chaparral, en el departamento de Tolima, en 1800, cuando el territorio aún formaba parte del Virreinato de la Nueva Granada, José María Melo abrazó desde muy joven la causa emancipadora y combatió bajo las órdenes de Simón Bolívar. Aquellas campañas moldearon el carácter de un militar que entendía las armas como instrumento para defender un ideal de libertad y de República.
Con el paso de los años ascendió hasta convertirse en presidente de la Nueva Granada en 1854. Su breve y polémico gobierno, respaldado por amplios sectores artesanales y populares, terminó con su derrocamiento y posterior destierro. Sin embargo, el exilio no modificó sus convicciones. Le cambió la geografía, pero no los principios que habían orientado toda su vida pública.
Después de recorrer distintos países de América, encontró en México un nuevo destino. El presidente Benito Juárez le abrió las puertas para incorporarse a la causa liberal durante los años decisivos de la Guerra de Reforma. Melo aceptó el llamado con la misma convicción con la que décadas atrás había luchado por la independencia de su propia patria. Para él, la defensa de la libertad no reconocía fronteras.
Fue en Chiapas donde su destino quedó unido al del general Ángel Albino Corzo Castillejo, gobernador del estado y una de las figuras más representativas del liberalismo mexicano. Ambos compartieron la defensa de las Leyes de Reforma y consolidaron una amistad cimentada en ideales comunes, una relación que trascendió el escenario político y militar para prolongarse, incluso, en los vínculos de sus respectivas familias.
El 1.º de junio de 1860, durante los combates librados en las cercanías de Juncaná, José María Melo cayó en defensa del proyecto liberal mexicano. Con su muerte concluyó una vida extraordinaria que había comenzado en los campos de la Independencia sudamericana y terminó en las montañas chiapanecas, donde entregó su existencia por una causa que hizo suya.
Paradójicamente, fue México el país que mantuvo viva esa memoria. En la comunidad de Juncaná, perteneciente al municipio de La Trinitaria, así como en Chiapa de Corzo, el recuerdo del militar colombiano continúa formando parte de la historia local. Su nombre permanece ligado al de Ángel Albino Corzo y a los hombres que defendieron la Reforma, convirtiéndose en un símbolo de los vínculos históricos que unen a ambas naciones.
Con motivo del bicentenario del natalicio del general Ángel Albino Corzo, celebrado en 2016, una de las jornadas conmemorativas estuvo dedicada precisamente a recordar la figura de José María Melo. La fecha coincidía, además, con los 156 años de su muerte. Aquel encuentro reunió a historiadores, autoridades y descendientes de la familia Melo provenientes de distintos lugares de México, quienes renovaron el compromiso de preservar su legado. Un año después, ese compromiso se materializó con la instalación de un busto del general colombiano en la plaza principal de Juncaná.
Desde hace más de una década, la Fundación General Ángel Albino Corzo desarrolla una labor permanente de investigación, preservación y divulgación de la memoria histórica de los protagonistas de la Reforma en Chiapas. Dentro de ese esfuerzo ocupa un lugar especial José María Melo, cuya participación en la defensa del proyecto liberal mexicano constituye uno de los capítulos más significativos de la relación histórica entre Colombia y México.
El pasado 1.º de junio, al conmemorarse 166 años de la muerte del general José María Melo, nuevamente Juncaná y Chiapa de Corzo rindieron homenaje a quien llegó como extranjero y terminó siendo reconocido como uno de los defensores de la causa liberal mexicana. Tuve el honor de participar en esta conmemoración por invitación del embajador de Colombia en México, Carlos Fernando García Manosalva, acompañando unas ceremonias que fortalecen los lazos históricos y culturales entre nuestros dos países.
Los pueblos también se definen por la memoria que deciden conservar. Chiapas ha mantenido vivo el recuerdo de José María Melo durante más de siglo y medio. Colombia, por su parte, continúa redescubriendo la dimensión histórica de un hombre cuya vida unió las luchas por la libertad de dos naciones hermanas. Esa es, quizá, la mayor herencia del general Melo: demostrar que hay ideales capaces de trascender las fronteras y que la historia de América Latina también se construyó con hombres que hicieron de todo el continente su patria.
*Presidente de la Fundación Ángel Albino Corzo Castillejo, en Chiapas, México.

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