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Harold y Maude (1971)

  • Juan Felipe Gaona
  • 28 may
  • 5 min de lectura

Afrontar la vida tiene desafíos bellos


Amar la vida puede ser difícil. Hay momentos en los que no sabe bien cómo afrontar ciertas cosas o saber qué hacer, pero, a pesar de las incertidumbres, la vida oportunidades y solo hay que buscar las cosas y personas correctas para guiarte y mostrarte que hay mucho más allá de los malos momentos.


De eso habla Harold y Maude (1971), dirigida por Hal Ashby. La historia habla de Harold, un joven que tiene una extraña afición con la muerte y constantemente finge suicidarse, asistir a velorios, irse en contra del deseo de su madre de casarse y el de su tío de ir a la guerra, pero es en uno de esos velorios en donde se encuentra con Maude, una señora mayor que parece disfrutar la vida al máximo sin importarle las reglas o los objetos materiales.


Ambos desarrollan una peculiar relación que va en contra de muchas cosas, pero es esa relación en donde Harold lentamente empieza a ver la vida con mejores ojos.


Sin duda, esta película logra combinar un tema bastante fuerte como es el suicidio con la comedia negra, y lo convierte en un viaje emocional que critica, humaniza y nos hace reír, pero sobre todo nos plantea la duda sobre qué significa ser feliz y qué realmente uno necesita en su vida para poder disfrutarla. Harold al inicio es infeliz con su vida, con las presiones de su madre y su tío de conformarse a sus expectativas y a las de la sociedad. Finge quitarse la vida como una manera de que su madre le demuestre cariño, lo cual simplemente no funciona.


Su madre intenta moldearlo a su visión del mundo, emparejándolo con distintas mujeres que Harold termina ahuyentando o reprendiéndolo por sus peculiares gustos. En todo ese tiempo, Harold acude a un psicólogo que, más que ayudarlo, solo le da consejos vacíos o no logra comprender la profundidad de sus propios problemas, y su tío solo quiere que sea un peón más y ser enviado a pelear en la guerra.


Su única fuente de alivio parece ser asistir a funerales de desconocidos, porque de una forma u otra él quisiera estar muerto.


Pero cuando conoce a Maude, una señora de 79 años que es su opuesto en todo sentido, ella tiene un gran aprecio por la vida y todos los días intenta experimentar algo nuevo y no dejar que el mundo decida qué debe y qué no hacer. Ella es una rebelde que, con optimismo y una filosofía de vivir la vida al máximo sin reglas o cosas materiales, lentamente le demuestra a Harold lo bello de la vida, sacándolo de su zona de confort en más de una ocasión, con cosas tan simples como bailar o reubicar el árbol de una plaza pública al bosque.


Todo eso no solo le muestra a Harold lo hermoso de la vida; él lentamente empieza a ver a Maude tanto como amiga como interés amoroso. Y aunque es más que notoria la diferencia de edad entre ambos, Harold logra ver a Maude como una persona que reconoce su dolor, que lo escucha y le muestra qué realmente significa vivir, algo que en su entorno privilegiado y superficial parece no darle, y en donde su propia madre parece no quererlo, no busca entenderlo y menosprecia sus problemas mentales que muy posiblemente heredó de su padre.


Los dos personajes principales son fascinantes y se conectan bastante bien a pesar de ser opuestos, incluso con su trasfondo; mientras que Harold creció rodeado de lujos e intenta suicidarse solo para que su madre le dé afecto, por otro lado, Maude sufrió la muerte de un amante, represión política y sobrevivir al Holocausto, pero aun así se mantiene feliz y optimista ante la propia vida. La química entre ellos se siente muy notable y se sintió así tanto dentro como fuera de cámara, y sus andanzas y desventuras, sumadas a sus personalidades opuestas, dan para grandes momentos cómicos que la película ejecuta con precisión y espontaneidad.


La película resalta una filosofía muy hippie, que es en parte porque Hal Ashby, su director, era hippie y conectó con varios de los temas que la película proponía y criticaba, e incluso aplicó la estrategia de cine guerrillero para filmar varias escenas en donde no tenían permiso como parte de su estilo de vida rebelde. Desde resaltar la importancia de la salud mental y la concientización del suicidio, hasta criticar la superficialidad y apatía de la sociedad, al igual que la propia guerra de Vietnam, todo eso estalla en una obra que para su época exploraba muchos temas tabú que en parte fueron la razón de que haya sido un completo fracaso en su momento, pero que con el tiempo se volvió una obra de culto y cuyo impacto fílmico resonó en directores como Wes Anderson, Alexander Payne o Judd Apatow.


Su guion es fascinante y cómo cada escena con los dos se siente mágica, incluyendo las escenas cómicas. Nos dan una visión de belleza incluso en los sitios donde menos la esperamos, como un basurero o un cementerio, que en la propia cinta es acompañada de su excepcional fotografía y la música de Cat Stevens que resuena a lo largo de la película y logra encapsular perfectamente esa sensación de alegría y rebeldía que irradian estos personajes.

Al final, Maude termina muriendo el día de su cumpleaños debido a que ella decidió quitarse la vida a los 80, porque, a pesar de amar la vida, sabía que el ciclo de su vida iba a acabar y supo que su momento había llegado; por eso adelantó el proceso de su muerte. Estaba agradecida de la vida a pesar de sus contratiempos y le encantó conocer a Harold y enseñarle a cómo vivir. Y aunque Harold quedó muy dolido por su muerte, sus consejos y estilo de vida son lo que hacen que Harold siga en los pasos de Maude y que viva la vida sin reglas, con optimismo y siendo siempre uno mismo.


En conclusión, aunque en su época fue mal vista y es muy pasada por alto hoy en día, esta es una experiencia fílmica que a todo momento no solo te hace reír, sino que también te hace querer vivir. Le muestra al espectador la belleza de la vida más allá de los malos momentos, nos invita a aferrarnos a lo que nos hace únicos y siempre ver que, aunque la vida no sea perfecta, es una experiencia que vale la pena vivir, donde incluso con desafíos siempre hay un lado positivo y en donde incluso los momentos más simples pueden contener su propia magia.


*Cinéfilo. Estudiante de Comunicación Social y Periodismo

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