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Editorial: ¿Qué se juega en la segunda vuelta?

  • Foto del escritor: Alvaro Echeverri Uruburu
    Alvaro Echeverri Uruburu
  • hace 3 días
  • 4 min de lectura

Actualizado: hace 18 horas

La primera vuelta para la elección presidencial realizada el pasado 31 de mayo, arrojó unos resultados inesperados: el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda a quien todas las encuestas daban como seguro ganador, fue superado por el aspirante de la extrema derecha, Abelardo De La Espriella, con una diferencia de algo más de 600.000 votos.


Otra sorpresa la constituyó el pobre resultado de la candidata del uribismo  Paloma Valencia, quien  después de haber obtenido más de 3’000.000 de votos en la llamada “gran consulta” de los sectores políticos de centro, en esta ocasión tan solo alcanzó al millón y medio de votos, al contrario de lo que auguraban las encuestas que la ubicaban a escasa distancia de de la Espriella.


Las razones por las cuales la mayoría de las encuestas no acertaron en los resultados, es algo que queda para el análisis de los expertos. Aquí nos preocupan las implicaciones que podría tener un triunfo definitivo de Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta electoral el próximo 21 de junio.


Al respecto, la hipocresía de los sectores de derecha encabezados por Álvaro Uribe Vélez parece no tener un mínimo de vergüenza, cuando llaman a votar por de la Espriella dizque “para salvar la democracia”, cuando difícilmente pueda existir un individuo con más antecedentes de un perfil antidemocrático y cuyas propuestas de llegar a la presidencia amenazarían gravemente la existencia de la débil democracia de nuestro país.


Como abogado, Abelardo De La Espriella ha sido acusado de un ejercicio inescrupuloso de la profesión, amparado en la idea desueta del positivismo jurídico del siglo XIX que postulaba que “el Derecho no tenía nada que ver con la ética”.


Como ha sido característico de los espíritus fascistas, De La Espriella manifiesta un odio visceral hacia los sectores de izquierda a los cuales ha prometido “destripar”. Curiosa manera de entender la democracia cuando plantea la eliminación de un sector de la sociedad por motivos ideológicos. El país sensato sabe lo que esto significa: los 6.000 asesinatos de miembros de la Unión Patriótica fue el resultado de sectores del establecimiento político y militar que participaban de un pensamiento similar al de este candidato.


También contradice la democracia el recurso De La Espriella a exaltar su machismo que infortunadamente parerce encontrar respaldo en diversos sectores sociales -incluidas algunas mujeres- que se identifican con una falsa concepción de la virilidad masculina y que en consecuencia condenan a la exclusión a otras formas posibles de sexualidad humana.


Siguiendo el ejemplo en el que los sectores de ultraderecha han convertido a Trump, de la Espriella propone retirar a Colombia de organizaciones como la ONU la OEA y del Sistema regional de protección de los Derechos humanos (Comisión Interamericana y Corte Interamericana de derechos humanos) que condenaría al país al aislacionismo de la comunidad internacional de naciones democráticas.


De la Espriella se ha caracterizado por el acoso a la prensa, cuando esta ha publicado noticias y comentarios que no han sido de su agrado, como lo demuestran más de 109 denuncias presentadas por él ante la Fiscalía General de la Nación que no responden precisamente a una personalidad democrática.


Su propuesta de conformar una “alianza estratégica” con el Estado genocida de Israel, lo mismo que integrarse al llamado “Escudo de las Américas “impulsado por el presidente norteamericano Donald Trump, convertirá al país en un Estado vasallo, atentando contra la soberanía e Independencia de Colombia y desconociendo su política tradicional de amistad y cooperación con todos los pueblos.


El reciente apoyo de Donald Trump a de la Espriella resulta apenas natural para este personaje que tan constantemente ha mostrado su espíritu sumiso, que no solo acepta la subordinación al amo del norte, si no que la anhela. De nuevo el injerencismo norteamericano irrespeta la soberanía de un país latinoamericano. Lejos de sentir orgullo los colombianos debemos sentirnos avergonzados y agredidos por este respaldo y de quien lo recibe.


Habría muchas otras razones para desestimar la candidatura de Abelardo de la Espriella, pero bastan su misoginia, su machismo y su vulgaridad que lo caracterizan para considerarlo un aspirante impresentable e indigno de ocupar la presidencia de Colombia.


Algunas personas seguramente criticarán nuestra posición que rompe las reglas de la imparcialidad periodística, pero encontrándonos en “riesgo de perder la democracia” como lo señaló Claudia López, la neutralidad sería complicidad con lo que sería la ruina de nuestra nación.


Creemos que todavía es posible impedir el derrumbe de nuestras instituciones legítimas. Esperamos que si no los candidatos Sergio Fajardo y Juan David Oviedo que han manifestado su oposición a una eventual presidencia de Abelardo de la Espriella, al menos sus votantes que seguramente participan del mismo criterio se unan a la campaña del candidato del Pacto Histórico en esta segunda etapa de la carrera presidencial. La llegada de estos votantes y de otros sectores indecisos serán decisivos para que el candidato Iván Cepeda alcance la presidencia, evitando por tanto, el riesgo que significaría para el país el triunfo definitivo de quien representa  el rechazo  total a los fundamentos de la democracia liberal y del Estado Social de Derecho.


El Editor

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